Macri: se agota el pasado, se aleja el futuro y acecha el presente

Por Adrián Freijo La Argentina “tras las rejas” comienza a perder interés; el país del Primer Mundo queda cada vez más lejos y el presente se llena de obstáculos que no parece poder controlar.

Los dos primeros años de su gobierno estuvieron plagados de medidas dificilmente digeribles para la población, pero que lograban esconderse tras el show de los chalecos antibala, los cascos y los dirigentes kirchneristas como forzados modelos.

Pocos como Mauricio Macri lograron imponer un cerco mediático tan entretenido y a la vez tan hipnotizante para una sociedad que se dedicó en algunos casos a gritar cada prisión como un gol y en tantos otros a reclamar con furia que los árbitros (jueces) “cobraban solo para uno de los equipos”.

Pero todo llega a su fin y pareciera que la ensoñación por las cárceles ya no “garpa” como entonces. La gente, amén del show de los candados, comienza a observar las boletas de luz, de gas, de la prepaga, del supermercado, del colegio de los chicos, de las tasas municipales, de los impuestos nacionales y provinciales, de los combustibles, del transporte y de tantas otras cosas y, como por arte de magia, toma conciencia que en dos años aquellas cosas que hacen a la vida cotidiana de una familia tipo crecieron un 112% y el salario de papá y de mamá apenas un 58%.

Y por eso, bajo el pretexto de la lógica protesta por la quita de derechos adquiridos a los jubilados y tras los desmanes de esa izquierda ajada y vetusta que solo tiene como propuesta romper todo lo que encuentra a su paso, reaparecieron los “caceroleros” de Flores, Caballito, San Juan y Boedo y tantos otros lugares de clase media que supieron jaquear y marcarle el out al hasta entonces aparentemento invencible peronismo.

Y el presidente tomó nota y mandó cambiar las reglas de juego de su equipo económico tratando que el golpazo que viene sea un poco más tenue. Y porque sabe que las metas inflacionarias que había puesto en el presupuesto no eran logrables y corría el riesgo de que desde el BCRA apretaran aún más las clavijas para conseguir lo imposible.

Y ahí cerca, como un nubarrón que amenaza desencadenar una tormenta. aparece marzo con su carga de nuevos tarifazos que pondrán a la clase media de cara a un opción de fierro: iluminarse y calefaccionarse…o comer.

Un departamento de dos dormitorios, con consumo responsable y habilitado por una familia tipo, recibirá allí por agosto una boleta de gas del orden de los $ 5.000 y una de luz de aproximadamente $2.500.

Esa misma unidad pagará $ 700 de OSSE y $450 de TSU. Y deberá agregarle $650 de Impuesto Inmobiliario, $ 2.000 de una prepaga para todo el grupo (y de nivel de cobertura medio) y, si pertenece al 51,2% de los hogares de clase media del país, una cuota del colegio de sus hijos que no bajará de los $1.200.

Solo en estos rubros, cada mes verá caer la primera hoja del almanaque con un gasto fijo que superará los $12.000. Y hablamos de una familia propietaria; no quiera pensar si además tiene que abonar un alquiler.

¿Cuánto tiene que ganar entonces para vivir con tranquilidad (ni que hablar de crecer y ascender social y económicamente?. La respuesta es clara: lo que no gana.

Y es esa franja social la que más preocupa al presidente. Resuelto a endurecer la represión de las protestas armadas por sectores de la peor izquierda anti democrática y fogoneados por quienes buscan alejarse de la cárcel volviendo al poder, Macri sabe que no puede aplicar el mismo trato a la clase media.

De la Rúa lo hizo y solo logró multiplicar la presencia de los caceroleros en la calle.

Este es el gran desafío para el 2018; el presidente deberá seguir con las reformas lidiando con una sociedad cada vez más quejosa y una oposición que, como ha sido costumbre en la Argentina, está relamiéndose frente al sonido de las cacerolas como lo hacía allá por 2001.

Será sin duda el año más difícil de su mandato; y el que definirá todo su futuro y el de su armado político.