MACRI Y SUS FANTASMAS

Las PASO entornaron para el presidente las puertas de un infierno que supo atizar con sus errores, sus visiones sesgadas de la realidad y su dificultad para entender. Ahora deberá demostrar capacidad de cambio.

Si alguien hubiese escrito todo lo que no había que decir tras la derrota, seguramente estarían volcadas en el papel todas y cada una de las palabras que, enojado y fuera de equilibrio, disparó Mauricio Macri en una conferencia de prensa en la que los argentinos esperaban la presencia de su presidente y se encontraron con un desaforado candidato que además sentó a su vera a quien lo acompaña en la fórmula, no cumple función alguna de gobierno y hasta se arrogó el derecho de intervenir en la parada para asegurar que el mandatario «está en dominio de la situación».

Una imagen de un patetismo alarmante y otra muestra de lo que le cuesta a Macri entender el mensaje de la gente y hacer que ésta comprenda el suyo. Intentar culpar al kirchnerismo de la reacción de los mercados es no comprender siquiera que en realidad fue el 70% de los argentinos quien se expresó en contra del gobierno. Un  dato que a ningún gobernante se le escaparía…salvo al nuestro.

El presidente está furioso, pero esa furia esconde el miedo a una derrota en octubre que ahora parece inevitable. Y le impide comprender que solo un cambio copernicano en la manera de comunicarse con la sociedad puede hacer que aquella puerta del averno, ahora entornada, no se termine abriendo de par en par para tragarse a su gobierno, a él mismo y lo que es más doloroso a la Argentina.

De aquel capital de gracia con el que contaba en 2015 ya nada queda. Todo se fue perdiendo en mentiras, fracasos y falsos diagnósticos. No hubo brotes verdes, no hubo justicia plena -su propia decisión de no avanzar contra Cristina porque electoralmente convenía tenerla enfrente fue la antesala de su propio suicidio- no hubo inversiones, no desapareció la inflación, no creció el consumo ni nada de lo que había prometido en campaña.

Por el contrario, cada amanecer era un nuevo fracaso y cada fracaso era un nuevo parche. Hasta caer en el remiendo histórico de un país sin ideas ni proyectos: golpear las puertas del FMI para suplicar una ayuda que evitase el estallido.

¿Por qué la gente debería entonces confiar en un presidente que en tres años y medio no ha podido mostrarse al frente de alguna situación?, ¿por qué pensar entonces que todos los males que previene pueden ser tales?. Alguien debería informar al mandatario que la sociedad no cree ni en sus diagnósticos ni en sus anuncios; ya está harta de equivocaciones y mentiras, sin importar ya cual de las realidades corresponden a una u a otra de estas cuestiones.

Mauricio Macri tiene miedo; sabe que hoy nadie apuesta a que pueda concluir pacíficamente su mandato. Y ya no importa siquiera el esfuerzo que toda la oposición pudiese hacer para que ello ocurra porque de la desazón y furia presidencial puede surgir el peor de los enemigos para la estabilidad del sistema.

Buscar culpable más allá de los propios errores es buscar el autoengaño. Macri está donde él mismo se supo colocar y los primeros gestos tras la derrota parecen indicar que no tiene claro como salir.

Cuidado…todos estamos en peligro.