MADURANDO

Este es el título si hablamos de la crisis venezolana, la necesidad de serenar los ánimos y la pobreza alarmante de la prensa argentina al momento de analizar la cuestión. Maduremos….

Mucho se ha escrito y dicho en los medios argentinos acerca de dos cuestiones que ponen en evidencia la pobreza cultural y conceptual que padece nuestro periodismo.

Así se ha sostenido que «Uruguay es uno de los pocos países que apoyan a Maduro» sin tener en cuenta -ni tomarse el trabajo de estudiarlo- que se trata de un país que consagra en su propia Constitución la neutralidad frente a los conflictos de terceros. ¿Alguno de los que repitieron la falsa conclusión podría recordar una guerra bi o multilateral en la que nuestro vecino haya declarado la beligerancia o haya tomado partido por alguno de los contendientes?. Además la neutralidad afirma y no soslaya el principio de no intervención en cuestiones internas de los países.

También se han multiplicado los libelos con enojo o sorpresa por el silencio del Papa Francisco al respecto. Y sin defender las posturas y visiones del pontífice frente a los diferentes gobiernos de la región es bueno recordar que el Vaticano también consagra la neutralidad como política de estado -vaya si ello le costó críticas y disgustos a Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial- a lo que se agrega en este caso que el jefe de la Iglesia se encuentra en Panamá en visita de estado -invitado por el gobierno de esa nación- lo que aún con posición tomada lo inhibiría de expresarse sobre cuestiones de terceros países. Ello sin olvidar que Francisco, frente a este y otros conflictos, siempre se ha expresado por la búsqueda del diálogo como salida de las crisis.

Como jefe de estado debe guardar las formas diplomáticas y como Papa dejar que las iglesias nacionales -que no son parte del pequeño país de pocas manzanas de extensión- sean las que se expresen sobre los problemas que afectan sus jurisdicciones.

El periodista tiene la obligación de ser más culto y preparado que el destinatario de su trabajo. De otra manera…¿para qué serviría su opinión o su planteo al momento de comunicar un hecho?. ¿Es tan difícil entender que tenemos la obligación de estudiar, conocer y volcar ese conocimiento para enriquecer a quien consuma lo que generamos y no para sumarnos nosotros a la ola del hablar por hablar?.

Si no tenemos ganas o vocación de saber, de bucear, de consultar y de crecer culturalmente podemos ser lenguaraces…pero nunca periodistas.

Entonces…ya es hora de ir madurando…