MAL CLIMA

La macroeconomía se complica, el déficit crece sin control, la inflación se niega a retoroceder a un ritmo tolerable, la actividad económica decae y las inversiones no llegan. Cuestionamientos.

De poco sirvió que Mauricio Macri se esforzara por mostrar a los enviados de la OMC (Organización Mundial de Comercio) un país amistoso con las inversiones. Las exposiciones de los delegados europeos, pero sobre todo los corrillos empresarios, dejaron en claro que Argentina está siendo observada con interés, con un escepticismo creciente y con una mirada aún lejana con respecto a la posibilidad de recibirlas más allá de lo meramente especulativo.

Mal que le pese al gobierno, se habló mucho más de la posible lluvia de fondos dirigidos hacia la nueva emisión de Lebac -con un rendimiento en dólares que superará el 30% anual, algo considerado imposible en un mundo en el que dicha ganancia no supera el 4%- que de la apertura y radicación de industrias y servicios que realmente hagan crecer la economía.

Y es que los especialistas observan que la macroeconomía viene muy complicada en estos días:

  • El déficit fiscal crece sin control
  • Las reformas de fondo se demoran, se emparchan y son además preámbulo de un año sumamente complicado.
  • Las tan anunciadas alianzas parlamentarias del gobierno no terminan de convertirse en una vía confiable de resolución, y todos sospechan que ni la ley previsional, ni las que reglamenten un Pacto Fiscal que por ahora solo es una cáscara vacía de enunciados, ni la reforma laboral ni ninguna de aquellas de fondo que desde el exterior se exigen puedan salir en los términos -por cierto exageradamente duros- que están pidiendo los inversores.
  • La inflación sigue demasiado alta y no hay un solo economista que oculte, pública o privadamente, la convicción de que las metas del presupuesto para 2018 no podrán cumplirse.
  • Y aunque el reciente comicio muestre una base de apoyo al gobierno para nada desdeñable, el 60% de los argentinos que no lo votaron parece en principio un gérmen de descontento social que puede crecer de la mano de los que si confiaron y hoy padecen tarifazos por arriba del 70% o recortes jubilatorios que aunque se trate de disfrazar serán de una crueldad inusitada.

Para completar el panorama ha quedado en claro que las relaciones con EEUU se encaminan a un choque, que la tan mentada alianza con China es por ahora una puja entre un gigante y un enano en la que seguramente no se repetirá la historia de David y Goliat y que la lenta remontada de Brasil se sostiene en el agrandamiento del superávit comercial que ese país tiene con la Argentina.

Contexto en el que una alianza de libre comercio con la Unión Europea -conmocionada por el Brexit, la invasión asiática, los independentismos, la ola migratoria que destruye el mercado laboral y la creciente debilidad del Euro- no es ni remotamente la solución que se suponía hace casi una década, cuando se pretendía un mercado alternativo en el que colocar ventajosamente nuestra producción.

Mal clima, malos presagios, convulsiones sociales, crecimiento de la pobreza (el último informe de la UCA habla de una disminución, pero no por una movilidad ascendente sino porque muchos pobres de la anterior medición cayeron en la indigencia) y una sensación propia y ajena de que la política económica de Macri, aún en el caso de ir por buen camino, tiene defectos de base al momento de ser implementada y siempre llega tarde a la solución de los problemas.

Esta semana se supo que este análisis que hoy realizamos, preocupa mucho al primer mandatario que exigió a sus colaboradores -en un tono inusualmente duro- que las soluciones comiencen a aparecer.

¿Hasta cuándo alcanzará el circo mediático de los cascos, los chalecos y las rejas?. Ya hay síntomas de que la sociedad se está cansando de que eso sea lo único que hay para mostrar.

Y eso debería preocupar a las autoridades…