Mar del Plata a la deriva, sin gobierno y con escándalos

Por Adrián FreijoLa salida de Ana María Crovetto parece marcar un punto de inflexión. Ya nadie intenta ocultar que el municipio está al garete, intervenido y fatalmente complicado.

El manejo de las finanzas municipales en manos de un funcionario impuesto desde La Plata, al que no parece importarle otra cosa que equilibrar las cuentas públicas. Aunque para ello sea necesario abandonar a muchos sectores traspasados por la fragilidad social, castigar a los emprendedores y desalentar a los inversores.

El área de la producción, que debería responder a un plan maestro de desarrollo pensado y orquestado desde la ciudad, también tiene por estos días un conductor foráneo, designado por el gobierno provincial, que no parece abocado a generar inversiones sino a monitorear un plan inmobiliario vinculado al Parque Industrial.

Y ahora educación, un sector que por mérito propio fue durante décadas un orgullo de General Pueyrredón, con una nueva conducción -también impuesta desde afuera- que responderá a las políticas provinciales en la materia y que, al decir de la Secretaria saliente, tendría como destino derivarla a aquella jurisdicción.

Y para cerrar el círculo de la dependencia, en las últimas horas llegó desde La Plata la orden de enviar la Ordenanza Fiscal para ser revisada, corregida y aprobada en la ciudad de las diagonales. Ni siquiera se nos permite resolver en el recinto soberano del Concejo Deliberante que es lo que la administración local quiere hacer con sus propios fondos. Oprobioso…no hay otro término.

A este vaciamiento del poder de decisión de los marplatenses y batanenses debe agregarse ahora el escándalo como protagonista de la deteriorada escena. Las acusaciones cruzadas, la publicación de destratos, los problemas de alcoba y la denuncia de ñoquis vinculados al intendente que cobran escandalosos salarios sin dedicar el mínimo esfuerzo a sus tareas son el nuevo marco de un gobierno local que ya no sorprende con su ineficacia, sus claudicaciones y torpezas.

La denuncia del diario La Capital acerca del armamento que porta Carlos Fernando Arroyo dentro de la propia sede comunal es la trágica frutilla del postre para un momento inmerecido para la ciudad y que sin duda se equipara con los peores que pueda haber vivido en su historia.

Estamos a la deriva, sin gobierno y sin posibilidad alguna de recuperarlo. Viviendo una ficción democrática que afecta los cimientos mismos del estado representativo y nos convierte en una rara especie de colonia cuya metrópoli ya ni siquiera se preocupa en el arte del disimulo.

Un intendente alejado de la realidad, un Concejo Deliberante convertido en una escribanía del poder central de la mano de la mayoría automática y hasta la pretensión de imponer un candidato que, si bien nació en Mar del Plata, no podría evitar perderse si se lo deja parado en cualquier esquina a más de treinta cuadras del monumento a San Martín.

Si ni Osvaldo Soriano podría haber imaginado este triste, solitario…y final.