Mar del Plata «Capital de la movilización de los convencidos»

Por Adrián FreijoLa ciudad fue elegida por las principales fuerzas políticas para lograr dos objetivos asegurar la provincia y sostener candidatos que no despegan.

Un mayoritario porcentaje de la sociedad argentina pide hoy a gritos un cambio de cultura política. Mientras las fuerzas que compiten con mayores chances en esta elección mantienen vivo el formato de los viejos métodos de captación de votos, la gente pide a gritos que alguien le explique que va a hacer cons sus vidas; pero no desde la promesa mesiánica de un remozado «síganme que no los voy a defraudar» sino desde la explicación racional de que es lo que va a intentarse para sacarnos del atolladero presente en medio de una crisis de extensión ilimitada que además sirve de telón de fondo a serios problemas recesivos que asoman en el mundo para el próximo quinquenio.

Multitudinarias movilizaciones, puestas en escena dignas de una superproducción, miles de personas llevadas a cada acto con la técnica de cartelera con promoción «viaje+estadía+comida» y el eterno cuentaganado que pretende mostrar quien ganó la compulsa del arreo humano.

Pero esta vez fue notable un nuevo fenómeno que no solo apareció en la vereda del oficialismo sino que se hizo notorio en cada acto protagonizado por Alberto y Cristina Fernández: miles de argentinos concurrieron por las suyas, a escuchar y a brindar su apoyo. Y Mar del Plata no fue la excepción en ninguno de ambos casos…

A lo largo de la república se multiplicaron escenarios que nos trajeron a la memoria aquellas jornadas de 1983 en la que la sociedad ganó las calles para reclamar el retorno a las libertades públicas, a la vigencia del estado de derecho, al respeto a los derechos humanos. Eran los tiempos de la argentina principista que podía estar dividida en el color político pero se unía en la necesidad de respirar un aire que ya no quería con olor a plomo y carne quemada; una sociedad que gritaba por su ocasional líder pero más lo hacía para derrotar el silencio sepulcral al que había sido condenada por la dictadura.

Hoy aparece en las calles la avanzada de la sociedad desesperanzada. La que busca un alivio para su bolsillo aún a sabiendas de que la vuelta del estatismo voluntarista puede terminar con el futuro de un país en la encrucijada de su historia y los que aún golpeados por una gestión impresentable del macrismo prefieren la estrechez económica a la pérdida del tono amable y cotidiano de cualquier democracia madura.

Peo sea por lo que fuese…son los convencidos.

Y seguramente la Argentina necesita resolver su futuro teniendo también en cuenta a ese tercio de hijos que cada cuatro años migran de un lugar a otro buscando una respuesta que jamás encuentran. Los que quieren dejar de levantarse cada mañana pensando como harán para llegar al final del día, los que miran la cara de sus hijos y se estremecen pensando que el mejor consejo que podrán darle es el de emigrar hacia lugares en los que el esfuerzo valga la pena o los que lo hacen preguntándose que le darán de comer esa noche.

Los que no van a los actos, no vivan, no gritan consignas, ni se trasladan ni son trasladados, pero suponen una masa crítica que ha dejado de buscar país para buscar tan solo subsistencia.

Un quintil moral que crece día a día y al que en la locura de pretender que una elección se gana si se gana la calle muchos dirigentes ni siquiera miran y al que solo atienden cuando, una vez más, comprenden que son los que definen la elección. Con sus migraciones…pero con sus exigencias.

Mar del Plata impactó con dos actos fenomenales que sin embargo no dejaron de ser la movilización de los convencidos. Los que vivan a Macri y los que vivan a Cristina (si, a Cristina, no hay un error de tipeo).

¿Cuándo llenarán las calles los que salgan a vivar a quien en vez de adeptos a la esperanza busquen convencidos por la realidad?.

Tal vez nunca…