Mar del Plata no se merece la humillación permanente del poder

RedacciónOtro desconocido, que nada tiene que ver con la ciudad y que parece llegar para gerenciar negocios para alguien, se integra a un gobierno que nos ha postrado en la humillación.

Massimo Macchiavello, un joven politólogo egresado en la Universidad Católica Argentina, fue presentado oficialmente este viernes como nuevo Secretario de Desarrollo Productivo de Mar del Plata.

Macchiavello fue representante de varias industrias en su pasado como IBM y Cargill. Desembarcó en la ciudad por recomendación de la gobernadora Maria Eugenia Vidal y cuenta con la aprobación de varios ministros del gabinete provincial.

La gobernadora Vidal, que se jacta de su predilección por Mar del plata, es claro que tiene una pobre mirada sobre la capacidad que tenemos por estas tierras para administrarnos; cada día son más los “interventores” que desde el entorno de la mandataria vienen a hacerse cargo del gobierno de la ciudad, que queda ante la mirada de los argentinos como un conglomerado de inútiles incapaces de llevar adelante una gestión propia.

Pareciera olvidarse en La Plata que Mar del Plata se convirtió en una de los centros productivos y turísticos más grandes de Sudamérica de la mano de sus pioneros y residentes, aquellos que supieron imprimirle el empuje y la gestión necesarios para ser ese orgullo de la Argentina que hoy es.

La falta de respeto constante hacia nosotros y una dosis inocultable de cobardía institucional para tomar las medidas que hoy ya aparecen como inevitables para devolver a General Pueyrredón su capacidad de marcha, son la constante que ya no puede disimularse con sonrisas estólidas, palabras almibaradas y declaraciones de amor que no logran esconder el desprecio por sus habitantes.

Y si bien es cierto que ya nada podemos esperar de un intendente que se ha convertido en triste caricatura de la historia lugareña, tenemos el derecho a exigir a los propios representantes de la alianza gobernante -sobre todo a aquellos que sueñan con conducir la ciudad- que se planten frente a la mandataria, exijan las correcciones funcionales que sean menester y demuestren que no son parte ni claqué de semejante agravio.

Porque la historia demuestra que la gente, testigo silencioso de tanto desmán padecido, conserva en su memoria los actos y excesos de sus gobernantes y pronto cambia la indiferencia cómplice por una furia arrasadora que, en cuestión de horas, convierte a los héroes en villanos. Sobre todo cuando percibe que se la subestima y desprecia.

Como la gobernadora y su gente hace por estas horas, cuando envía a un empresario involucrado con intereses particulares del gobierno nacional a gerenciar los sectores productivos del Partido de General Pueyrredón.

Lo que además de un insulto es un acto de dudosa moralidad pública.

¿O será que no se toma la decisión que hay que tomar con la administración de Arroyo para tener un pretexto para adueñarse, poco a poco, de Mar del plata, Batán y sus negocios?.

De otra forma no se entiende…