Mar del Plata: un año que llega cargado de dudas y necesidades

Por Adrián FreijoLa llegada de Guillermo Montenegro a la intendencia local supone un inicio a partir de una vara que quedó muy baja. Y en ello conviven la oportunidad y el riesgo.

No es poca cosa asumir el gobierno local después de la desastrosa gestión de Carlos Fernando Arroyo. Con solo hacer algo, por pequeño que sea, se habrá duplicado el resultado de un conductor que dedicó todo su tiempo a enfrascarse en mil peleas sin destino, buscar enemigos hasta en  donde estaban los amigos y llenar el aire de frases huecas, grandilocuentes y disparatadas.

Nada se exagera si se afirma que Mar del Plata y Batán padecieron cuatro años de estancamiento, lo que en la movilidad de la  vida política, social y económica de este fin de década supone un igual lapso de tiempo perdido.

Arrancar en ese punto es entonces una verdadera oportunidad y el nuevo intendente lo sabe.

Cultor de un estilo distinto en el que la cordialidad y la cercanía se vuelven costumbre, Guillermo Montenegro deberá sin embargo ser muy cuidadoso en los pasos a dar de aquí en adelante. Encandilarse con la buena onda que ha sabido despertar sería una invitación a errores cuyo costo no tardarán en aparecer; el romance de la sociedad con el nuevo tiempo se terminará más temprano que tarde de la mano de necesidades tan urgentes como atrasadas y de una realidad general que tardará mucho tiempo en dar a los argentinos buenas noticias.

Las industrias básicas de la ciudad siguen en una crisis estructural que muchas veces se acercan a lo terminal.

La pesca se acerca a una verdadera implosión, no solo producto de los altos costos operativos, las dificultades cambiarias, la pérdida de mercados, una legislación fiscal y laboral agobiante y un envejecimiento de toda su infraestructura. Por ello debe resolver una cuestión de fondo -su base fresquera se ha trasladado definitivamente al sur y la designación de las autoridades nacionales del área anuncian una profundización del fenómeno- que no parece por ahora tener vuelta posible. ¿Qué puede hacer el estado municipal para marcar una presencia activa en las discusiones de fondo?. De ello depende el futuro de miles de marplatenses y la pérdida de millones de dólares de ingreso e inversión.

El turismo, ya decididamente a la espera de que cuestiones cambiarias favorezcan los destinos locales, necesita de un fuerte impulso privado de fondo que genere atractivos diferenciales en la ciudad y una consecuente presencia del estado aliviando la presión fiscal sobre los actores de la acividad, dotando a Mar del Plata de la infraestructura necesaria para atender una demanda de tal magnitud y asegurando servicios de seguridad, tránsito, transporte e higiene urbana suficientes para mostrar una imagen distinta a la decadente que nos ha caracterizado en los últimos años.

Por el momento el intendente ha concentrado sus esfuerzos en la construcción de un gabinete que aparece heterogéneo hasta la incoherencia y multitudinario hasta lo irracional.

El gesto más efectista que efectivo de producir una quita en el sueldo propio y de sus colaboradores parece absurdo ante la cantidad de funcionarios nombrados que superan la centena. ¿No era mejor dejar los salarios como estaban y gobernar con la mitad de personas de las que han sido designadas?. Cualquiera sea la explicación que se intente, la realidad indica que una administración como la local puede bien funcionar con la mitad de las personas que en cargos políticos han sido nombradas; el municipio cuenta con funcionarios de carrera suficientemente preparados para implementar las órdenes que desde el poder se le impartan. 

Por eso las invocaciones de Montenegro al control del gasto político no pasan de buenas intenciones que el propio jefe comunal no respalda en los hechos. ¿Qué necesidad hay de nombrar Directores Coordinadores en todas las áreas?. Si los conductores de cada una de ellas requiere de alguien que le coordine el trabajo es porque ciertamente no están capacitados para la tarea encomendada.

Cuidado entonces. Mar del Plata no es la CABA ni San Isidro. Somos un distrito lleno de urgencias y necesidades que requieren una reorganización profunda, seria y planificada. Seguir por el mismo camino cantando otra melodía nos depositará irremediablemente en el mismo lugar.

Tal vez mirarse en el espejo de muchos de sus antecesores, que comenzaron con el mismo romance para terminar en el mismo drama, podría recordarle a Guillermo Montenegro aquello de lo efímera que es la gloria del mundo.

Y hacerlo antes que sea tarde será un rasgo de verdadera inteligencia…