Mar del Plata y su intendente en la hora más difícil

Por Adrián Freijo – Solo una semana le fue asegurada a la ciudad en Fase Cuatro. Muy poco tiempo para disponer la vuelta de la gastronomía y sostenerla en medio del crecimiento de los contagios.

El gobierno provincial quería que Mar del Plata retrocediese a Fase Tres. El crecimiento de los contagios y de los decesos motivados en el COVID-19 hacían epidemiológicamente aconsejable que así fuese.

Sin embargo la presión de los sectores más afectados por el parate que lleva más de 120 días, con los gastronómicos a la cabeza, habían empujado a Guillermo Montenegro a resolver una apertura que se iniciaría luego de los festejos del Día del Amigo. El jefe comunal quería sortear esa fecha especial, elegida por miles de personas para reunirse y celebrar, temeroso de un desmadre que complicase aún más las cosas.

Pero nadie quiere ahora ser el responsable de un aflojamiento que vaya acompañado con un crecimiento de la curva de contagios que, siendo ya alarmante en lo que va de julio, todos coinciden en que se va a acentuar en los próximos días. Las paralelas esta vez se juntaron antes del infinito…

En La Plata aceptaron mantener la fase actual pero solo por el lapso de una semana. Después, con los números que se registren desde este lunes, se verá si seguir allí es posible o se retorna al escalón anterior, lo que supondría el cierre de muchos negocios y la prohibición de otras actividades que hoy están permitidas. Por supuesto…nada de dar un paso adelante.

Montenegro podría hacer caso omiso a esta decisión y habilitar la apertura de locales gastronómicos, actividades deportivas individuales al aire libre y otras hoy restringidas; pero…¿se animará a pagar el costo que podría representar que ello dispare aún más la cantidad de infectados?.

Otros se preguntan si hoy tiene espalda para decir «stop» y dejar plantados en el altar a miles de propietarios y trabajadores de restaurantes que creían, en base a su palabra, que la luz estaba al final del túnel. Y eso también supone un precio alto y el riesgo de más protestas y tensiones.

Saben por boca del propio presidente de la nación que el jefe comunal fue insistente hasta el cansancio e inclusive pasó por encima de la figura del propio gobernador para lograr lo que ahora parece comenzar a alejarse.

Apenas ingrese este lunes a su despacho deberá afrontar la que seguramente será la semana más difícil de su corto e intenso mandato. Resolver esta cuestión y hacerlo con el pedido de aumento de boleto, en un contexto en el que sabe que las empresas están trabajando a toda pérdida y los usuarios no pueden sacar un centavo más de sus bolsillos, no parece ser una situación cómoda para el intendente.

Por primera vez se encontrará frente a un espejo que deberá devolverle la cara firme del estadista o la siempre sonriente y maquillada del político que quiere quedar bien con todos. Ocurre que esta vez cualquiera que elija estará enmarcada entre la muerte o la salud y entre lo deseable y la realidad.

En ambas cuestiones deberá dedicar a uno de los sectores aquello de Winston Churchill con su célebre «solo puedo ofrecerles sangre, sudor y lágrimas». El tema es a quien elige en cada caso.

¿La salud o la angustia laboral?, ¿las agotadas empresas o los no menos postrados usuarios?. Lo único claro es que, esta vez, es imposible hacerlo con todos.

A Guillermo Montenegro le llegó la hora de gobernar…que a veces también es elegir uno de los caminos posibles y caminarlo a fondo y sin dudas.