Martín Redrado: la «rebelión» de Alberto contra Cristina y Máximo

RedacciónApenas se firme el acuerdo con el FMI, con quien ya consensuó el nombre del sucesor de Guzmán, el presidente designará al hombre que más inquina despierta en la ex presidente.

Martín Redrado es un nombre que produce ataques de ira en la ex presidente de la nación. Y es que Cristina no puede olvidar la pelea por el uso de las reservas del Banco Central, mientras el economista presidía el organismo (2004-2010), y el enojo por sus testimonios en el marco de la causa por el dólar futuro.

«Quien estaba a cargo del Central (Alejandro Vanoli) y la presidenta sabían que se vendía algo que no tenían. Hipotecaban así el futuro y perjudicaban las arcas públicas. Ahora, todos los argentinos tenemos que pagar la cuenta», planteó Redrado en declaraciones radiales, en febrero de 2016. Sencillamente acusaba a Cristina de montar una gigantesca estafa.

Luego Redrado se fue a los campamentos de Sergio Massa y con la vuelta del tigrense al sol kirchnerista la situación se suavizó y más de una vez fue consultado sobre la marcha de la endeble marcha de la economía y muy especialmente sobre la carencia de un plan por parte de Martín Guzmán, algo que unía en la preocupación al presidente de Diputados, a la vice y a La Cámpora.

Pero nada cambió en la convicción de los «duros» del kirchnerismo: Martín Redrado es para ellos parte del sistema que controla a la Argentina, un hombre de los organismos internacionales y la negación de los principios distributivos y asistencialistas del sector. Pero nadie duda que su presencia podría dar algún viso de ortodoxia a un gobierno que acaba de decidir que el camino pasa por volver cuanto antes a los mercados internacionales y evitar un nuevo default.

Mientras desde el Instituto Patria se ejerce presión para poner en el sillón que dejará vacante Guzmán a un hombre cercano a Axel Kicillof –Augusto Costa, el actual ministro de Desarrollo de la Provincia de Buenos Aires y la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca son quienes más suenan- en la Rosada la mirada es diametralmente opuesta: «nada de más de lo mismo» dicen, «sale Guzmán -algo que hasta puede parecer un triunfo de Cristina y los suyos, pero entra un equipo que responda exclusivamente al presidente. Se terminó la estudiantina camporista y se terminó en serio» insisten.

La idea es retomar las cajas -ANSES quedará en manos del massismo y el PAMI será «loteado» entre la CGT, la CTA y las organizaciones sociales afines al gobierno- y dejar todo el manejo de la deuda y la relación con el poder económico internacional en manos de Redrado y los suyos. En ese juego tendrá mucho que ver Miguel Pesce quien continuará al frente del BCRA y tiene aceitados mecanismos de trabajo con el nuevo ministro y con el propio Massa.

La decisión está tomada y, aunque en el fragor de las negociaciones puedan aparecer cambios de nombres, el presidente lame por estas horas las heridas, habla todo el tiempo de traiciones y se dispone a dar -apenas se rubrique el trajinado acuerdo de facilidades extendidas que aún está bastante más lejos de lo que dicen en la Argentina- un claro mensaje de cambio de rumbo interno en el gobierno.

Como lo será también algo que por estas horas despierta el enojo de la ocupante del sillón principal del Senado, de su gente y de no pocas figuras del propio albertismo: Martín Guzmán pasará casi automáticamente del otro lado del mostrador. Firmado el acuerdo a acordada su salida pasará a integrar los equipos técnicos del propio FMI y tendrá injerencia directa en el monitoreo de las cuentas argentinas. Discutible…pero ya resuelto.

«Son más los que quieren hoy salir de abajo de la pollera de Cristina que los que aún le tienen miedo. Las torpezas de ella y de los suyos y la diáspora interna de La Cámpora, en la que cada uno dice y hace los que se le antoja, terminaron por convencer a todos que el ocaso llegó y hay que comenzar a dar señales de seriedad si no se quiere correr el riesgo de que un grupo de «iluminatti» se lleve puesto al gobierno» repetían en el despacho principal de la Cámara de Diputados la madrugada de la agotadora sesión en la que la principal preocupación institucional pasaba por el juego de las escondidas que planteaba el hijo de la vicepresidente.

Y Martín Redrado, aquel demonio que se animó a enfrentarla en el momento de mayor poder y levantó su dedo acusador delante de los jueces es, junto con su mirada ortodoxa y global de la economía, el nombre elegido para avisar que «hasta aquí llegó mi amor».