Maxi Abad pateó el hormiguero de la política bonaerense

Por Adrián FreijoCon su proyecto sobre autonomía municipal el radical no solo nucleó a los propios sino que sacó de su zona de confort a los intendentes peronistas que quieren pero…¿pueden?.

Según quien concentre el poder en la provincia algunos intendentes insistirán en la necesidad de avanzar en las autonomías municipales o demorarlas. Y es que cuando en el sillón principal de la gobernación se encuentra sentado un «propio», no parece aconsejable tratar de privarlo del manejo de los fondos o restarle poder político, lo que sobre todo en el peronismo es parte del ADN de su mirada sobre la organización partidaria.

Pero, en la intimidad de las charlas políticas, unos y otros coinciden en que el sistema actual -que vuelve a los municipios esclavos del capricho del poder central- está agotado y debe ser resuelto más temprano que tarde.

Al presentar su proyecto, que contempla una reforma constitucional de alcance acotado tan solo al punto en cuestión y la adhesión de la Carta Magna provincial a las disposiciones del art. 123 de la Constitución Nacional que consagra la autonomía plena, el radical Maximiliano Abad pareció tocar la cuerda que mejor suena al oído de los intendentes bonaerenses, sin distinción de color o partido político.

Rápida fue la respuesta de los principales referentes partidarios –Miguel Fernández de Trenque Lauquen y presidente del foro de intendentes de la UCR de la provincia, Esteban Reino su par de Balcarce, el de Rauch Maximiliano Suescun así como el diputado provincial Fabio Quetglas, la también diputada provincial Alejandra Lordén, el legislador nacional Sebastián Salvador y su par Miguel Bazze, por citar a quienes hicieron punta junto con el Comité de la Provincia de Buenos Aires de la Unión Cívica Radical- pero no menos veloz la de los intendentes peronistas del poderoso conurbano que, sin poder levantar la voz públicamente, saben de la necesidad de avanzar hacia la autonomía y están dispuestos a acompañar el proyecto de reforma.

Para ellos existe un incentivo que no es menor: una autonomía plena les permitiría dictar en sus distritos normas electorales propias y reglas de juego independientes que podrían contener, por ejemplo, el derecho a la reelección indefinida lo que hoy tienen vedado por la legislación aprobada durante el mandato de María Eugenia Vidal y que hoy -pese al guiño del propio presidente de la nación que sostuvo que el único límite que debería existir es la voluntad de la gente- no parece poder lograr en la legislatura provincial el apoyo necesario para ser reformada.

Por eso es que ahora debaten la manera de avanzar en el apoyo al proyecto de Abad y recuperar la chance de continuar atados a sus sillones.

Saben que la intención de Máximo Kirchner es frenar cualquier posibilidad de cambiar la limitación derogando la ley provincial que consagra dos períodos como máxima posibilidad de mantenerse al frente de un distrito: son muchos e importantes los distritos en los que los alcaldes deberán retirarse en 2023 y su intención es colocar en cada caso candidatos de La Cámpora para suplantarlos y así consolidar un poder territorial que aún le es esquivo.

Como pocas veces antes aquello de «no nos une el amor sino el espanto» que consagrara Jorge Luis Borges se hace presente en esta alianza tácita entre los caciques peronistas y el proyecto radical. Y Abad, cada vez más ducho en estas cosas de la política y sus recovecos, parece haber encontrado la fórmula para patear el hormiguero y poner a todos sus ocupantes a caminar en un solo sentido.

Lo que para distritos como General Pueyrredón, tal vez uno de los más poderosos de la provincia y de los que más sufre la falta de autonomía, podría representar un paso gigantesco hacia la solución de sus viejos problemas estructurales.

Seguramente mucho se hablará de todo esto en los próximos meses…