Máximo camino a la presidencia y el PJ hacia su extinción

Por Adrián FreijoUna vez más la carencia de principios de parte de la dirigencia del peronismo empuja al partido, convertido en sello de goma y agencia de colocaciones, a otra defección histórica.

 

¿A alguien en el peronismo le importa que Néstor, Cristina y Máximo Kirchner hayan abjurado de su pertenencia al PJ y armado una estructura por fuera de los límites partidarios?, ¿o qué Cristina haya pronunciado aquella lapidaria frase en la que proponía que «al partido se lo metan en el culo»?…

En tiempos en los que la soberbia alcanzaba para lograr los objetivos y el kirchnerismo parecía convertirse en una etapa superadora del peronismo, la familia santacruceña no dudó un solo instante en ningunear, despreciar y dejar al costado del camino al movimiento creado por Juan Domingo Perón, al recuerdo de su líder y a la doctrina partidaria y sus columnas vertebrales. Hay que ser muy desmemoriados para olvidar la decisión estratégica de apoyar a las centrales obreras escindidas y a las organizaciones sociales para que suplantaran en el dominio de la calle a la poderosa CGT en la que el fundador y todos sus sucesores se apoyaron para sostenerse en el poder…

Solo los negocios compartidos con Hugo Moyano y el pacto de impunidad que abonó su asalto a otras organizaciones hermanas para vaciarlas de afiliados, representó una tregua en los embates contra el movimiento obrero organizado pero que solo duró hasta que el camionero pretendió ser tratado como un par en una mesa en la que solo era convidado de piedra, cómplice y útil peón de brega.

Pero cuando el sol entró en el ocaso y Cristina y los suyos comprendieron que ya no alcanzaba con la épica y el relato, volvieron a mirar al viejo PJ como el continente necesario para rescatar voluntades y recuperar tantos votos perdidos de quienes no perdonaron jamás aquella traición a los fundadores y a sus luchas. Y tampoco aceptaron jamás la «historia oficial» de estos tiempos que pretendía que Eva era otra cosa que Perón y que mientras ella representaba al pueblo el General era personero de los intereses más conservadores. Buscando separar lo indisoluble los Kirchner y sus constructores de historias imaginadas fueron más allá de lo que el más distraído de los peronistas podía aceptar.

Y de golpe les renació el peronismo. Detrás del mascarón de proa de Alberto Fernández, emergente de un justicialismo capitalino que el propio Perón no llegaba a digerir en su totalidad, volvieron a las viejas consignas, las imágenes y los íconos de un folklore al que hasta ayer nomás despreciaban. Y aunque no muchos creyeron en la sinceridad de la voltereta…alcanzó para armar un combinado de lo nuevo, lo viejo y lo tangencial, entendiendo por esto último el peronismo light de Sergio Massa y su variopinto conglomerado de aspirantes al empleo público.

Y ahora, lección aprendida al fin, van detrás del sello partidario en la poderosa provincia de Buenos Aires llevando al propio Máximo como bandera del nuevo justicialismo. Algo parecido a que en su momento se hubiese postulado a Vandor o más acá en el tiempo a Mario Firmenich. Porque ambos, como tantos otros, se llenaban la boca con el nombre de Perón aunque solo aspiraban a suplantarlo en la conducción y en el contenido de su doctrina.

Un conglomerado de diminutos dirigentes, todos beneficiarios del empleo y los negocios públicos, le abrieron la puerta al joven santacruceño para que en un proceso tan amañado como deplorable se quede con la conducción del partido que hasta ayer nomás despreciaba. Y al que seguramente luego arrastrará hacia definiciones ideológicas que nada tengan que ver con aquellas que le dieron vida y razón de ser.

Pero, es sabido, poco más puede esperarse de un peronismo que fue socialdemócrata con Cafiero, neoliberal con Menem, socialcristiano con Duhalde y filoprogresista con los Kirchner.

Hay un peronismo maleable, cambiante y mercachifle que seguirá viviendo mientras asegure cargos y dineros para sus dirigentes. Un peronismo que en las últimas décadas se ha convertido en una fábrica de pobres entre los trabajadores y una factoría de millonarios entre sus dirigentes.

Y para seguir la fiesta…no hace falta ni saber la letra de la marchita. ¿No le parece?.