Montenegro: entre el abrazo del oso y la mira del cazador

Por Adrián FreijoDe cara al año más difícil que Mar del Plata deberá afrontar, el intendente se debate entre las necesidades políticas de sus aliados y el embate sin disimulo de la oposición.

La gestión de Guillermo Montenegro durante el tiempo de pandemia supo mantener una fuerte dosis de empatía con la sociedad marplatense. No solo las encuestas, claras y contundentes al respecto, sino también el comentario que se recoge en los más diversos ámbitos de la ciudad dan cuenta de una imagen que sale intacta de la dura prueba de gobernar en crisis sanitaria o que, al menos, no ha sufrido el desgaste que si es detectable en el gobierno nacional o el provincial.

Y es que la compulsión por el protagonismo que Alberto Fernández y Axel Kicillof mostraron en los albores del aislamiento, con sus interminables discursos, cadenas y filminas, lograron el objetivo buscado pero en el peor de los escenarios: la sociedad los vio como los timoneles de un barco que lenta e inexorablemente se encaminaba hacia un iceberg que lo haría naufragar.

Nada era como se planteaba en las interminables peroratas y hasta los datos acerca de tiempos y cantidades disponibles para la vacunación terminaron sumergidos en una nebulosa que solo sirvió para acentuar la imagen de un gobierno a la deriva y en constante prueba de acierto y error que tuvo mucho más de lo segundo que de lo primero…

Y cuando la gente pone la mirada en la cuestión económica, más allá de los esfuerzos del gobierno provincial par recordar de manera constante las asistencia financiera brindada al municipio, la estrechez actual, la inflación, la caída del poder adquisitivo y la seguridad de acercarnos a un momento que será dramático para la economía personal de cada argentino, hacen que las miradas y las críticas se posen en jurisdicciones ajenas al gobierno comunal. Que tuvo además el cuidado de enviar un presupuesto para el año que se inicia en el que los aumentos previstos en tasas y servicios comunales están fijados por debajo de la inflación prevista para el períodos.

Tal vez por eso las principales figuras Juntos por el Cambio, y muy especialmente del PRO, eligieron Mar del Plata para comenzar informalmente el tiempo de campaña que los depositará en los comicios de este año en los que estará en juego mucho más que un mero testeo electoral: mayorías parlamentarias y candidatura presidenciales marcarán la agenda del país, y de la ciudad. apenas amanezca el lunes posterior al domingo electoral.

Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y Jorge Macri pasaron en pocos días por la ciudad y se mostraron junto al intendente tratando de que quede en claro que es un actor valorado en la vida interna del partido y de la coalición. Aunque con la mira puesta en las necesidades que vienen, al jefe comunal no le caiga nada bien el apuro por inaugurar la campaña y seguramente preferirá esperar que el tiempo corra lo más posible antes de ingresar en ese espacio en el que se vuelve imposible acordar entre sectores políticos en pugna.

Y además los acuerdos que debe hacer en el Concejo para construir una mayoría que le permita gobernar lo llevan a buscar apoyos de sectores que en pleno tiempo electoral tal vez se encuentren más cerca del oficialismo nacional o de otras formaciones hoy lejanas del macrismo. Y eso podría dejarlo en una posición de debilidad salvo, claro está, que pueda cerrar acuerdos permanentes en el corto plazo.

Porque a este abrazo del oso al que lo someten los propios, para asegurarse de seguir teniendo a Mar del Plata como bastión de la Quinta Sección electoral, se le suma la mira telescópica del Frente de Todos que busca cobrarse la presa de octubre para tomar la delantera que lo deposite en la intendencia dos años después.

Ya resuelto que será Virginia Sívori quien encabece la lista de candidatos al Concejo en la elección -los gestos durante la visita del ministro Katopodis y el lugar secundario al que se condenó a Marcos Gutierrez así lo indican- queda asegurado el liderazgo de Fernanda Raverta, al menos hasta que un nuevo traspié comicial pueda marcar otra cosa.

Al mejor estilo «camporista» se ha acallado toda disidencia interna y se barrió de un escobazo la pretensión del actual presidente del bloque de erigirse como alternativa para el 2023. Y es sabido que Sívori, con más argumentos intelectuales y solidez técnica que Gutierrez, no tiene una actitud más contemplativa con el gobierno de Montenegro y va a acelerar las críticas para buscar, con mayor ductilidad que el ahora desplazado, acentuar las diferencias y machacar sobre la idea de que el municipio funciona porque desde La Plata lo sostienen.

El mensaje de las últimas horas que muestra al Ministro de Obras Públicas de la Nación reuniéndose apenas llegar a Mar del Plata con los concejales del Frente de Todos, anunciando obras y adelantando gestiones, y el hecho de que Sívori estuviese todo el tiempo a su lado, muestran a las claras la estrategia y los protagonistas: se marcará un co-gobierno y se dejará en claro quien es la figura central del argumento.

Mucho equilibrio deberá hacer entonces el intendente para evitar caer en la doble trampa.

Seguramente deberá ajustar el equipo político que lo acompaña y que hasta ahora no ha demostrado habilidad para romper el cascarón de lo cotidiano y comenzar a construir una iniciativa que se parezca a un proyecto. No siempre alcanza con administrar, subsistir y atajar problemas…a veces la sociedad espera que le cuenten que hay detrás del arco iris.

Y mientras el oso y el cazador lo tironean en el escenario, sería bueno que desde la platea la gente pueda discernir entre la realidad, la ficción…y la esencia.