Montenegro parece aferrarse a la vieja lógica del fracaso

Por Adrián FreijoParece mentira que la dirigencia marplatense crea que haciendo siempre lo mismo se puede lograr otro resultado que no sea la constante decadencia. ¿Tomó nota el intendente?.

Hace muchos años que la lógica política argentina se mntiene paralizada en un conjunto de costumbres, vicios y espasmos que nos tienen dando vueltas como el perro que se quiere morder la cola. Y alarma observar la falta de imaginación para intentar otros caminos, otros conceptos y otros mecanismos que propongan algo distinto, innovador y, tal vez, con algún destino de éxito.

Mar del Plata no es la excepción; antes bien pareciera que poco a poco se ha convertido en el paradigma de esta vocación por el fracaso que nos ha ganado a todos.

No hay un solo problema de fondo que haya sido resuelto en estas últimas décadas, más allá de algún intento por planificar, buscar nuevos vectores de desarrollo que nos alejaran del agotado espejismo costero y todo lo bueno que surgió del Plan Estratégico, la política en acción siguió siendo la misma -mediocre, chicanera y lindante con la corrupción- que ha instalado entre nosotros una Ley de Murphy institucional: todo lo que pueda estar peor, estará peor.

Porque las calles suman deterioro año a año, pese a que cada gobierno viene con su plan de pavimentación y bacheo bajo el brazo…

Porque el municipio es progresivamente deficitario y cada año hace falta más aporte externo y/o más deuda para sostenerlo, pese al crecimiento exponencial de las tasas que paga el ciudadano y que no se ven reflejadas en obra alguna que mejoren su calidad de vida…

Porque la ciudad está cada vez más sucia, aunque cada administración comunal viva informando que intimó, sancionó y amenazó con la caducidad a la empresa encargada de la tarea, que sostenidamente ve engrosar sus escandalosos ingresos sin mejorar un ápice la prestación…

Porque hoy la pesca es el 20% de lo que era hace dos décadas, el turismo depende de que el gobierno nacional tome medidas económicas que hagan prohibitivo salir al exterior, la industria textil pelea (y pierde) en soledad su guerra con Brasil, China y la India y la inseguridad hace sonar su alarma cada día con crimenes horribles, ajuste de cuentas, patotas, descarada venta de drogas en plena vía pública y una impunidad en la que la venalidad judicial y policial, la falta de leyes adecuadas y la deemagogia política disfrazada de progresismo berreta tienen mucho que ver.

Y nada hace sospechar, por ahora, que Guillermo Montenegro lo haya entendido o esté dispuesto a hacer algo para modificar el camino. El presupuesto enviado al Concejo, los argumentos utilizados para defenderlo, la relación con la prensa basada en la dicotomía amigos(pagos)-enemigos(ignorados) que sigue como constante obscena de lo que debería ser la obligación de informar y el coraje de aceptar preguntas incómodas, y sobre todo la escandalosa costumbre de acumular funcionarios más allá de cualquier lógica y necesidad, nos permite aventurar que el nuevo jefe comunal se dispone a convertirse en uno más de tantos que creen que «la revolución está en el mensaje» y que con este será suficiente para marcar las diferencias.

Abandonando esa ñoñería de «la luna de miel de cien días», es bueno decir estas cosas ahora. Porque todavía hay tiempo de cambiar y buscar el camino correcto hacia otra lógica que no repita tanto fracaso y retraso, y advertir al jefe comunal que no todo es márketing, no todo el interesado aplauso de los amigos y que la gente no es tonta, sabe observar y presiente que hasta ahora solo se trata de beneficiar allegados con muy bien pagos cargos públicos y afirmar cuestiones que a poco de andar se convertirán en insostenibles, como ocurrió con un presupuesto que obligó a su gobierno a reconocer que el aumento que deberán pagar los marplatensese será mucho mayor que el anunciado y que en áreas como la obra pública, lejos de haber una previsión de obras con un crecimiento del 1000% de ejecución, el recorte de partidas y las asignaciones ni siquiera llegan a cubrir el desfasaje inflacionario del anterior.

Dos patinadas importantes que no dejan de despertar inquietud y desconfianza en el ciudadano. O estamos frente a una administración de baja calidad operativa o de un hato de mentirosos que nos creen tontos.

Y ambas cosas fueron el ADN de la vieja lógica del fracaso…