Montenegro y el síndrome del que calla y otorga

Por Adrián FreijoSiguen desfilando funcionarios ante la Comisión de Hacienda del HCD para «defender» el presupuesto, Sin embargo el silencio parece ser la única estrategia.

Aunque la pregunta de fondo radica en saber si se trata de una estrategia meditada o de la imposibilidad y falta de convicción para sostener con argumentos valederos un instrumento que muestra severas carencias en cuestiones fundamentales para la calidad de vida de los ciudadanos y que sin embargo huele a fiesta en otras que tienen que ver con los interminables privilegios de la política y sus protagonistas.

Los Secretarios de cada área, acompañados siempre por circunspectos escuderos cuya intervención suele agotarse en un acompasado movimiento de cabeza en señal de asentimiento, se esfuerzan por explicar los alcances de cada propuesta -con la dificultad que para estas argumentaciones supone no poder menear mucho aquello de la herencia recibida, ya que formalmente en General Pueyrredón se da una línea de continuidad de Juntos por el Cambio- sin poder contar con el apoyo de los concejales del oficialismo que apenas balbucean cuestiones de orden general, sin consistencia alguna y sin muestra alguna de convicción sobre lo que se supone defender.

Y es que cada vez, en cada exposición, se repite una constante que no puede menos que alarmar: fuertes recortes en lo asignado a obras y servicios y un crecimiento exponencial en gasto político, publicidad y márketing.

Frente a esta realidad es mucho más lo que los hombres del oficialismo dicen «off the record» que lo que balbucean casi obligadamente en el debate. Todos saben que la situación es inexplicable y no aguanta un análisis medianamente serio…

Si ello responde a una orden del Ejecutivo se trata de un error. Dejar a los funcionarios expuestos al cacheteo de la oposición, siempre dispuesta a pegar sobre la matadura, sin defensa o argumento alguno es no entender el riesgo de generar un escenario adverso no solo dentro del HCD -donde todo deberá negociarse ante la inexistencia de una mayoría suficiente- sino de cara a esa sociedad que va recibiendo por goteo el mensaje de un gasto político exagerado y respuestas aún más acotadas que las pocas que daba el gobierno de Arroyo a las urgencias comunes.

Si por el contrario se debe a la convicción de los propios acerca de un presupuesto desequilibrado, la lógica política indicaría una recomposición del gasto y no esta actitud que suena a una displisencia irresponsable.

¿O es acaso que los contribuyentes deberán pagar un promedio del 55% más en sus tasas para financiar una fiesta de la que solo recibirán migajas y justificaciones?.

Cuidado...algo está pasando y no anuncia nada bueno. Más presión sobre la gente, más gasto público, más privilegios para unos pocos, más relato en forma de publicidad y propaganda y menos mejoras a la calidad de vida de los habitantes.

El silencio de los propios y la falta de argumentos sólidos para defender el plan de gobierno no parece el camino adecuado para ajustar la realidad a tanto discurso rico en optimismo y flaco en realidades. Casi como una representación vergonzante de aquel «el que calla, otorga».

Y esta historia ya la hemos visto muchas veces.