Ni Dylan ni Balcarce: ¿llegó la hora de Mendieta?

RedacciónLos perros presidenciales se han convertido en comidilla del mundo político y periodístico; y en los buenos animalitos puede estar la respuesta que todos esperamos.

¿Qué fue de la vida de Balcarce, aquel perro que en sus primeros días en el poder Mauricio Macri utilizó en forma marketinera para mostrar un rostro humano y cotidiano ante la sociedad?. Un día desapareció y nadie sabe si vive, si murió, si aún tiene un hogar -que seguramente no es Olivos- o si decidió emigrar desilusionado por las cosas que escuchaba puertas adentro de la casa de gobierno.

¿Qué será del afable Dylan, al que Alberto Fernández saca de ronda cuando se enciende algún flash pero pasa la mayoría de sus horas encerrado en un departamento de Puerto Madero o en manos de un paseador rentado?. ¿Lo veremos correr feliz por Olivos?, ¿o  engrosará la utilería con la que los hombres del poder suelen  crear la imagen de ciudadano común y a la que a veces agregan familias entrenadas para mostrar felicidad?.

Lo cierto es que ambos canes comparten un rango y un papel: son fieles mascotas a disposición del tiempo que sus amos le dispensen y el papel que les toque jugar en la tragicomedia de la política nacional.

En cambio Mendieta, ese perro que habla, compañero del gaucho Inodoro Pereyra, personaje de historietas creado por el dibujante y humorista Roberto Fontanarrosa, tiene la particularidad de poseer una personalidad propia, inteligente y hasta a veces ladina, capaz de dar una mirada lógica a los desvaríos de un hombre desorientado, caprichoso y convencido de ser el dueño de la verdad.

Tres características de Don Inodoro que lo emparentan hasta la identidad con este país llamado Argentina.

Cierto es también que, cualquiera sea la circunstancia, Mendieta nunca va a abandonar a su humano y siempre estará dispuesto al sacrificio que sea menester para sacarlo adelante. Una lealtad que deviene de saber que ese es su destino y su lugar, hasta el punto de que bien vale cualquier esfuerzo para mejorar las circunstancias y el futuro del amo.

Si los argentinos pudiésemos desarrollar ese grado de lealtad con nuestro lugar en el mundo, aplicar esa paciencia de la que estamos carentes desde la primera vez en la que exigimos que los gobiernos encuentren el camino para sacarnos de las dificultades sin pagar nosotros precio alguno por las mismas y la sabiduría de Mendieta para no dejarnos arrastrar por apariencias ni delirios, posiblemente comenzaría un tiempo en el que fuésemos capaces de aceptar nuestro destino y trabajar para mejorarlo.

Sin tanta fama como Dylan y Balcarce pero acompañando a nuestro dueño (la Argentina) con la mirada sabia de Mendieta.

¡Que lo parió!