NISMAN: UNA INVESTIGACIÓN CADA VEZ MENOS SERIA

Pocas veces en la Argentina algo ha quedado tan claro como la intención de la mayoría de los involucrados de esconder la verdad profunda en el caso de la muerte de Alberto Nisman.

Un mes después de la muerte del fiscal, y tras una designación tan morosa que obligó a una reconvención por parte de Virginia Feín, los peritos designados por la Dra. Arroyo Salgado ingresaron ayer espectacularmente en la escena del crimen.

Cincuenta personas, abarrotadas en un departamento de tres ambientes, desplegaron una parafernalia de elementos científicos en busca de pruebas que, aún tardías, pudieran servir a los objetivos de la causa.

Pero, ¿cuáles son esos objetivos?. Porque si bien la más elemental de las lógicas indicaría que debería ser la búsqueda de la verdad, nos permitimos abrigar serias dudas al respecto.

¿Es serio pensar que quien busca la verdad tarde un mes entero en colocar a sus peritos en el sitio en el que pueden aparecer probanzas fundamentales?.

¿Es serio un operativo de la espectacularidad cinematográfica del que vimos ayer, cuando el estrecho ámbito de la escena del crimen requiere de un tratamiento especialmente cuidadoso para no transformar aún más su situación?.

Todo da la sensación de «montado». La fiscal que interviene nos devuelve la imagen de una señora que anda a los bandazos sin saber mucho hacia donde va; la viuda va y viene con movimientos espasmódicos que hasta el momento alejan el centro de la investigación más que acercarlo y una clase política enfrascada en peleas, especulaciones electorales y efectismos poco efectivos.

Pero para el ciudadano común hay algo que a esta altura ha quedado muy claro: no se ha dado un sólo paso firme en la búsqueda de la verdad.

Y eso no es por cierto casual…