Dicen que todo tiempo pasado fue mejor; se olviden al afirmarlo que para que haya pasado debe existir un presente y un futuro. Mar del Plata no puede detenerse en nostalgias y prejuicios.
Dirigentes vecinales de los barrios Florentino Ameghino, Santa Rosa de Lima, Dorrego, Virgen de Luján, López de Gomara y Los Tilos, expresaron su apoyo al traslado del municipio.
Para lo barrios del noroeste de Mar del Plata, casi todos representados por sus sociedades de fomento en una convocatoria a los medios en la que expresaron su posición, el proyecto de trasladar la administración al nuevo edificio que se está construyendo en la Avda. Libertad y 202 representa una posibilidad concreta de desarrollo y crecimiento.
Olvidados durante décadas, privados de servicios básicos y obras de infraestructura, sienten hoy estar viviendo una verdadera primavera cuando ven crecer, en pocos meses, una construcción que será el centro neuralgico de una ciudad en la que el municipio es la más importante empresa de servicios, acompañada por ahora de esa maravilla que es el primero de los cinco polideportivos en construcción.
Las afirmaciones del candidato de Cambiemos en el sentido de que daría marcha atrás con el traslado programado cayeron como un balde de agua fría para esos vecinos. Si bien no es razonable creer que las obras serán paralizadas o demolidas -la sinrazón también tiene límites- cualquier otro destino que se le diera no sería del mismo impacto en cuanto al mejoramiento de la zona.
Se insinúa desde los campamentos arroyistas la posibilidad de trasladar allí la nueva policía municipal, y es obvio que para el desarrollo del sector no es lo mismo tener un Centro Cívico que una comisaría o un cuartel.
Con el primero proliferarán los comercios nuevos, la urbanización, las oficinas y todo lo que rodea habitualmente un municipio. Con la opción policial, crecerán las sirenas, las corridas y no mucho más. Basta con preguntar a los vecinos de las comisarías marplatenses acerca de su calidad de vida y con ello será suficiente para tener una respuesta.
Desmontar el proyecto aparece entonces como una barbaridad, no solo en lo económico sino y sobre todo en lo que se supone debe ser la planificación del futuro de Mar del Plata con un criterio moderno y urbanístico.
Si Carlos Arroyo es electo intendente y quiere permanecer en el viejo y tradicional edificio de Luro e Hipólito Yrigoyen, nada se lo impide.
Pero aún en su vocación por el retorno al pasado y a las tradiciones, debe entender que Mar del Plata necesita un municipio moderno y amplio, muy lejos de la precariedad de su actual sede, en la que ni siquiera los baños funcionan y las instalaciones eléctricas están tan recargadas que todos los días se producen cortes que dejan sin operatividad a las oficinas.
Toda valoración de épocas pasadas es respetable y hasta entrañable; pero el paso del tiempo es inexorable, nuestra ciudad ya no es la de hace cincuenta años y el futuro supone un desafío que debe ser atendido sin duda alguna.
Y desandar el camino de los proyectos es algo tan desaconsejable como frívolo.
No lo hagamos, entonces.


