O TEMPORA, O MORES

No hay conflicto al que el tiempo no desgaste; saber escoger el momento para resolverlo es parte de la sabiduría del hombre. Y la paciencia una costumbre que se ha perdido y debemos recuperar.

El conflicto no sirve, el tiempo si. La experiencia nos enseña que elegir el momento justo para dar un paso en el sentido positivo es una costumbre que viene desde el fondo de la sabiduría universal.

O tempora, o mores es una voz latina que se puede traducir como ¡Qué tiempos, qué costumbres! y que fue utilizada por Cicerón en su primera Catalinaria, discurso contra Catilina que había intentado asesinarlo.

En ella el sabio deplora la perfidia y la corrupción de su tiempo y por eso la frase suele referirse a lo que afirmamos cuando sostenemos que “todo tiempo pasado fue mejor”.

Ocurre que para una sociedad traspasada por las divisiones, la crispación y la furia, el pasado se ha convertido en el futuro. Y  sin embargo ello supone ahora una oportunidad. ¿La última?…tal vez.

Hoy Mar del Plata padece el síndrome del desencuentro. Viejas rencillas personales terminan afectando a terceros y lanzando un mensaje preocupante a quien pueda tener intención de invertir en la  ciudad.

Un estado de confrontación es poco entendible y solo cederá si los protagonistas bucean su propio pasado y se dan cuenta que están sumergidos en una pelea que no lleva a ningún lado.

Tal vez sea hora de producir acercamientos, instar a la reflexión y poner en cabeza de terceros la serenidad que falta en los protagonistas principales.

Mantenerse en un conflicto constante solo servirá para negar al tiempo su capacidad sanadora. Y nos aleja a todos, cada día más, de la posibilidad de volver a los tiempos en los que todo era crecimiento y Mar del Plata se había convertido en una fuerza imparable.

¿Cree el lector que entonces no había diferencias?, ¿qué todos se amaban y tiraban para el mismo lado?. Claro que no; pero la inteligencia y la claridad eran costumbre instalada en una comunidad que sabía poner por delante al conjunto por sobre las individualidades.

Tal vez haya llegado el momento de revivir ese pasado para correr, por fin, el velo del futuro.