Ordenanza Fiscal: un verdadero papelón y otra derrota política

Por Adrián FreijoLa orden llegada desde La Plata, acatada mal y tarde por un Ejecutivo que insiste en seguir creyendo que gobierna, disolvió en un minuto un conflicto que nunca debió ser.

Cuesta encontrar en los anales de la política lugareña una administración que haya acumulado la retahíla de papelones, tropiezos y fracasos como la que encabeza Carlos Fernando Arroyo.

Cada una de sus peleas terminó en humillantes palizas recibidas, cada uno de sus anuncios se evaporó en el aire con el humor de lo delirante y cada intento por bancar la parada con alguna declaración estridente, tomada con fingido entusiasmo por sus voceros periodísticos y multiplicada hasta el infinito por sus detractores, lo puso en los umbrales del papelón y hasta de la duda acerca del estado de su capacidad de comprender la realidad.

Tuvo que echar mano a los mismos mecanismos que sus antecesores para poder pagar los sueldos, aún después de recurrir pomposamente a la justicia pretendiendo que ello era una violación a la ley. En buen romance, se colgó al cuello un letrero luminoso que decía “sé que es un delito, pero igual lo hago”.

Gritó que pagar a la empresa encargada de recolectar los residuos lo que pedían en concepto de mayores costos era malversar el dinero de los contribuyentes, para tener que terminar entregando hasta el último peso para destrabar un conflicto que tuvo a la ciudad una semana con la basura en la calle. Una forma de decir “sé que malverso, pero igual lo hago”.

Acusó a los dirigentes del Sindicato de Trabajadores Municipales de robar treinta escuelas a la ciudad por cobrar licencia con goce de sueldos, hasta que alguien le recordó que esas mismas las había aprobado y firmado él mismo en la paritaria acordada hace pocos meses con el sindicato y que con su rúbrica como silencioso testigo ya espera que el Ministerio de Trabajo la homologue. Reconoció entonces que “es un robo pero yo autorizo que se siga llevando a cabo”.

Ahora, ya con el último resuello de su desgastado poder y jaqueado por una administración provincial que no quiere ni siquiera soportarlo en actos protocolares, Arroyo en vía al Concejo una ordenanza fiscal que pretende castigar a productores teatrales, agropecuarios, pesqueros, sindicatos, obras sociales, mutuales, industriales, clubes, sociedades de fomento, profesionales independientes, vecinos frentistas y, en definitiva, “todo bicho que camine” por estas tierras de Dios.

Poco le importó que sus propios aliados locales le dijesen en público y en privado que no iban a votar semejante despropósito, y fue la propia María Eugenia Vidal la que tuvo que “avisarle” que estaba dispuesta a avalar que los concejales de Cambiemos negaran su apoyo al instrumento.

Y con la cola entre las piernas, más herido aún de lo que uno puede creer posible, encaprichado y abochornado, tuvo que solicitar la devolución del proyecto a los efectos de “adecuarlo al pacto fiscal” que la provincia firmó con el gobierno nacional y, a regañadientes, fue acompañado por nuestros ediles.

Y como siempre, quedar a la espera de lo que le armen en La Plata. Este martes el cada vez más apaleado secretario Mourelle, convertido hoy en el Negro de la Feria, recibirá del propio ministro Lacunza las correcciones que deberán ser realizadas al proyecto original del que poco y nada va a quedar en pie.

Otra revolcada, otra Normandía perdida y otro desgaste innecesario de alguien que o no escucha a nadie o no tiene a su lado a alguien que pueda explicarle que lo que tiene adelante de su automóvil lanzado a 200 km/h es una pared de concreto.

Y para peor…la misma con la que viene chocando desde el primer día de su mandato…