Otra historia, la misma entrega

Por Florencia Cordero

Por Florencia Cordero desde México

Por Florencia Cordero (desde México) – Argentina hizo honor al prestigio ganado durante tantos años y le mostró al continente que hay una segunda generación que captó los valores de la original, que los hizo suyos y que le dio además su propia impronta.

La integrantes del plantel de la selección que logró la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río demostraron la misma personalidad que la exitosa Generación Dorada consustanciados con el compromiso con una identidad de juego y especialmente con esa inquebrantable entrega en defensa de los colores de la camiseta.

Aunque la transición ya está en marcha hace varios años, Luis Scola y Andrés Nocioni plantaron en el Preolímpico de México la semilla de una nueva historia. Porque cuando no quede ni uno solo de aquella camada histórica, el desafío será mantener viva la mística de un equipo que siempre brilló como tal, más allá de los nombres propios.

Parte de la Generación Dorada es el entrenador Sergio Hernández que, una vez más, aceptó el un desafío mayúsculo con un grupo nuevo y consiguió el objetivo principal completando un trabajo integral junto a su cuerpo técnico que ratifica su gran capacidad como conductor.

Para Mar del Plata queda la gran satisfacción de ver como jóvenes nacidos en la ciudad han ganado tanto protagonismo a fuerza de mucho trabajo y dedicación. Especialmente quedará en el recuerdo el debut consagratorio del talento surgido en Unión, Patricio Garino, de gran despliegue defensivo mostrando una mentalidad avasallante; y las apariciones clave en los momentos calientes de un tirador temible como es el exjugador de Quilmes y Peñarol, Selem Safar.

Entre los marplatenses por adopción, el cordobés «milrayitas» Facundo Campazzo dio un paso más en su consolidación como armador del equipo argentino y dejó en claro nuevamente que será fundamental para el futuro. En tanto, el santafesino de Quilmes, Tayavek Gallizzi, sumó otra valiosa experiencia internacional evidenciando que responde a la exigencia y que está comprometido con la forma de trabajo de la selección que representa una escuela de lujo.

Es el comienzo de un nuevo camino, pero también es la continuidad de una idea que puso a Argentina en lo más alto del básquetbol mundial. Y este equipo estuvo a la altura para que ese respeto ganado se mantenga en el tiempo gracias a una identidad que parece marcada a fuego.