Otro berrinche de Cristina le cuesta al país U$S 20 millones

RedacciónUna decisión de la vicepresidente obligó al país a una onerosa compra de billetes cuando en los depósitos de la Casa de la Moneda esperan los necesarios para nivelar el circulante.

 

El Banco Central firmó en las últimas horas un contrato de u$s 20,6 millones con la Casa de la Moneda de Brasil para producir e importar 400 millones de billetes de 1.000 pesos, que llegarán a los bolsillos de los argentinos en los próximos meses.

El organismo había encargado la confección de billetes a Casa de Moneda para «hacer frente a las necesidades especiales de efectivo» que derivan de la crisis sanitaria por la pandemia de coronavirus: «A lo largo del año se registran dos picos históricos de demanda de billete, en julio y diciembre», dijeron desde el BCRA.

Sorprendió que no se utilizaran los ya impresos con la cara del sanitarista Ramón Carrillo y la de la médica Cecilia Grierson con un valor de $5.000 por unidad y que están depositados en la Casa de la Moneda desde el mes de junio de este año.

¿Qué ocurrió entonces?, la vicepresidente de la nación Cristina Fernández de Kirchner se negó a que la cara de Carrillo apareciese en el billete debido a la polémica que en su momento se generó acerca de supuestas simpatías con el nazismo de quien fuera el ministro de Salud del primer gobierno de Juan Domingo Perón.

Pese a que en su momento quedó debidamente aclarado que se trataba de un inmenso error -a punto tal que los propios organismos judíos radicados en la Argentina aclararon que nada tenían para señalar o reprochar a la figura de Carrillo– el gobierno, ya a instancias de Cristina a mediados de junio y con los billetes ya emitidos, prefirió dejarlos arrumbados en vez de ordenar su tan necesaria circulación.

Ya por entonces LIBRE EXPRESIÓN daba cuenta del acto de injusticia sin fundamento alguno que se estaba cometiendo con el médico oriundo de Santiago del estero que desarrolló la primer política sanitaria integral en la historia argentina. (Ver: Ramón Carrillo y un debate que se basa en la mala fe)

Una verdadera pena ya que entre los especialistas explican que ante la inflación y la fuerte emisión tener un billete de mayor denominación tiene sus pro, ya que los bancos se ahorran en camiones de caudales, los cajeros automáticos se pueden cargar más rápido y no faltará efectivo durante los fines de semana largos; y el Estado se ahorrará gastos de impresión, ya que es menos costoso hacer un billete de $ 5000 que cinco de $ 1000. Máxime cuando el de mayor valor ya se encuentra impreso y en condiciones de salir a la calle sin otro requisito que una resolución interna del BCRA.

Y ahora, sobrepasado el nivel máximo de producción, «se optó por la importación de billetes de distintas fuentes» ya imprimidos y terminados, según confirmaron las fuentes, de Brasil y España, a unos precios que responden a los valores de mercado, sin precisar más detalles.

Argentina, que lleva más de dos años y medio en recesión, con altos niveles de inflación y de devaluación de la moneda, arrastra este año fuertes desequilibrios cambiarios, con diversas cotizaciones del dólar estadounidense debido a las restricciones impuestas por el Gobierno para la compra de divisa extranjera.

La alta circulación de pesos contrasta con la necesidad del Banco Central de preservar las menguadas reservas internacionales en dólares, divisa a la que históricamente acuden los argentinos para resguardar sus ahorros y huir de la frágil y devaluada moneda nacional.

Pero…una vez más, la costumbre de tomar las cuentas públicas como propias someten al país a otro pésimo negocio y a la humillación constante y sostenida de estar en manos de una dueña irreductible que resuelve caprichosamente sobre el destino de cada uno de nosotros.

Y que a juzgar por el costo innecesario…sigue resolviendo mal.