Otro joven muerto en la Capital Nacional de la Impunidad

Por Adrián FreijoLo que ocurre en la noche marplatense es insostenible. Las autoridades no pueden seguir mirando hacia otro lado y justificando la locura tras «la diversión y el trabajo».

Fue un fin de semana que podría definirse como «de catálogo» si se trata de enumerar las infracciones respecto a los protocolos de coronavirus unidas a los vicios propios de una nocturnidad disparada en la que los dueños de los boliches no dejan de mostrar una actitud de quien se encuentra por encima de cualquier ley o convención social.

Este sábado se procedió a cerrar Tolk, un restaurante con baile en la zona del barrio La Perla, por desarrollar actividades para las que no estaba habilitado e incumplir las normas de aforo con respecto a la pandemia que estamos atravesando. Un caso en el que se suma la desaprensión por las normas administrativas -muy común en una sociedad en la que un billete distraídamente deslizado en el bolsillo correcto pone a cualquiera fuera del alcance de las inspecciones y sanciones por dicha falta- y algo mucho más grave como es colaborar con la transmisión de un virus que asesina a miles de personas en el mundo, en el país y también en Mar del Plata.

No muy lejos de allí se multó al boliche  Gap por el recital que brindó Ricardo Iorio, ya que en recinto no respetó los protocolos de coronavirus correspondiente a teatros y música en vivo. En este caso llama la atención que una actividad que no podía ser autorizada consiguió al fin el aval del municipio sin que esa «buena voluntad» fuera suficiente para que los responsables cumplieran con límites demasiado claros como para esgrimir desconocimiento. Algún funcionario deberá explicar porque no aseguró las garantías suficientes frente a una cuestión en la que estaba en juego la salud pública.

Pero lo más grave sucedió, una vez más en la zona de Playa Grande y con una circunstancia que sigue siendo habitual sin que la justicia, el municipio, la policía o los padres de los menores involucrados tomen cartas en el asunto: un joven de 19 años expulsado del boliche Mr. Jones violentamente -antes de descompensarse llegó a afirmar que había sido golpeado por los patovicas en la puerta de lugar- y a las pocas horas perdió la vida pese a los esfuerzos del personal del HIGA.

Violación de protocolos, actividades no autorizadas, violencia «institucionalizada» a partir de la insostenible actividad de los patovicas -ya ha quedado debidamente demostrado que no tienen preparación profesional o moral para custodiar la vida de los jóvenes asistentes que, en muchos casos, necesitan de personas capaces de sostener estado de semi inconciencia por la ingesta de alcohol y drogas que no es controlada por los dueños de los boliches ni eficientemente perseguida por el municipio y la policía- falta de presencia del estado en la prevención y represión de cualquier exceso y sobre todo esa inopia exasperante de un Poder Judicial que solo se hace presente en la figura de sus funcionarios acodados en las barras, consumiendo alcohol y mimetizándose con la sociedad que deberían proteger y a la que solo asisten como copartícipes de esta locura generalizada. Porque están, ven, conocen, saben y nada hacen para resolver lo que está pasando. ¿O sólo cobran por su silencio cómplice?…

Tres casos en una noche y un muerto. Un saldo trágico pero demostrativo de una Mar del Plata en manos de inútiles, venales y delincuentes.

Y en todos los casos…de traje y tarjeta con escudito en relieve.