Pandemia, China, vacunas, tres Kirchner y un pelotudo

Por Adrián FreijoPara fin de año el mundo contará con 100 millones de vacunas para una necesidad mínima de 1700 millones. Ya se sabe cuantas le tocarán a la Argentina.

Es probable que el mundo haya ingresado en su hora más siniestra: la de las guerras bacteriológicas. Y en esa monstruosa contienda China ha arrancado con la ventaja de ser el país iniciador y además plantear la pelea en un escenario y que le es históricamente propicio; porque desde siempre el gigante del Asia ha librado sus batallas desde dentro de su propio territorio, sin invadir con fuerzas militares ni salir de sus fronteras.

¿Cuánto le podía costar a una nación con un ejército que supera los cinco millones de efectivos tomar la isla de Taiwán para devolverla a su territorio?…¿una mañana?, ¿media hora?…tal vez menos. ¿Y Hong Kong?…¿y el Tibet?…otro tanto.

Pero no… los de los chinos pasó siempre por lo cultural. Le regaló a Occidente la pólvora y con ella el mensaje encriptado del «mátense entre ustedes» que tan bien supimos

entender los destinatarios.

O los tallarines, traídos a esta parte del mundo por el ingenuo Marco Polo,  con su invitación a fenecer aplastados por los carbohidratos y la obesidad.

O el papel, en el año 105, para facilitarnos un instrumento imprescindible para que repartiésemos panfletos, imprimiésemos mucho más dinero del que podíamos respaldar -y de paso terminásemos dependiendo de un SWAP que ellos mismos nos facilitarían para que siguiésemos alimentando el fuego de la inflación- o para escribir artículos que la AFI pudiese utilizar para espiar, perseguir y amedrentar a sus autores.

Alrededor del siglo IV a.C. dominaron los procesos de destilación para producir bebidas alcohólicas a partir de elementos como la salsa de soja y vinagre. Investigaciones arqueológicas encontraron vasijas con una data de más de 9 mil años y que habrían contenido alcohol bebible, lo que le da a los chinos del título de ser la primera civilización en crear bebidas alcohólicas. Sin embargo la cirrosis hepática y el alcoholismo han sido creaciones suicidas de Occidente y hoy lo padecen porcentajes alarmantes de ciudadanos de los países con los que Beijing compite para la dominación del universo.

Si hasta la carretilla, un elemento que ha destrozado millones de espaldas alrededor del mundo, es una invención perversa de los chinos. Total…a ellos le sobran espaldas, campesinos y trabajadores, dispuestos a arrastrar una de ella durante toda la vida por apenas unos pocos centavos. O morir fusilados en caso de negativa…

Pero esta vez se les fue la mano. Nadie puede ser tan ingenuo de creer que el COVID-19 se les escapó por culpa de una mandarín distraído que se olvidó cerrar la puerta y que, oh casualidad, solo contagió a una pequeña región de su país mientras llegaba a todos los confines del mundo. En la ecuación habitantes+territorio China es el país con menor índice de contagios de la tierra.

Ahora se calcula que en una primera etapa se necesitarán 1700 millones de vacunas: 700 para inocular a todo el personal sanitario del sistema universal y 1000 para la población de riesgo, compuesta por cardíacos, hipertensos, diabéticos y mayores de 60 años. Para colmo el país padre del virus tiene uno de los índices de longevidad cuantitativamente más alto del planeta…

¿Sabe cuántas vacunas se supone estarán disponible para fin de este año?: entre 100 y 120 millones de dósis. ¡¡¡Para una primera necesidad de 1700 millones!!!.

Algunos voluntaristas del «hablar por hablar» sostienen que Argentina se postuló para ser sede de la prueba que los laboratorios Pfizer y BioNTech para estar en los primeros puestos de los países que reciban la vacuna. Una verdadera estupidez…cualquiera sea el resultado de esta y otras investigaciones que se están llevando adelante, el reparto tendrá que ver con decisiones económicas y geopolíticas de las cuales estamos demasiado alejados como para abrigar alguna esperanza de privilegio.

Uno de los criterios que se están evaluando tiene que ver con la población y el índice de circulación de la enfermedad en cada país.

Con respecto a esto último, gracias a Dios, parece que el nuestro ha sido uno de los más acertados a la hora de elegir estrategias de lucha contra el virus, así que posiblemente los únicos que podrían recibir algunas dosis serían dos «países limítrofes» que poco y nada tienen que ver con nosotros: la CABA, esa rica nación de clase media que vive del trabajo del resto de los argentinos, y el conurbano, aquel conglomerado construido sobre las necesidades electorales y al que también sostenemos a cambio de que nos haga el favor de elegir gobierno por nosotros.

El resto, la Argentina que produce, trabaja, invierte, crece, siembra, pesca, ara, trepana, genera energía, construye la industria turística, teje, alimenta y tantas otras cosas, deberá conformarse con mirar de lejos como rebozan salud sus vecinos de esos extraños países que se metieron, como el virus, en nuestra anatomía territorial.

Y si el reparto es por cantidad de población…estamos en el horno.

Felices con nuestra impenitente costumbre de ser muy pocos en tan vasto territorio, un cálculo optimista diría que puede llegar a tocarnos aproximadamente…cuatro dosis.

Tres irían a parar al torrente sanguíneo de Cristina, Máximo y Florencia y la cuarta sería para Parrili.

Ya sabemos que los argentinos siempre necesitamos de un pelotudo para seguir adelante.