Para prejuiciosos: el coraje de los hombres sensibles

RedacciónVolodímir Zelenski, el presidente ucraniano, era un reconocido actor cómico que llegó por sorpresa al poder. Y se ha convertido en el héroe de la resistencia de su pueblo. Pero no es el único.

 

El mundo habla de Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania que se ha puesto al frente de la resistencia de su nación a la invasión de una de las fuerzas militares más poderosas de la tierra.

Sin aceptar siquiera abandonar la capital, dialogando con su pueblo y con los líderes mundiales, este ex actor cómico del que todos se burlaban y ponían en duda su capacidad de gobernar y ahora de no claudicar frente al riesgo constante de su vida, pone sobre la mesa la discusión de una serie de prejuicios que han acompañado a la humanidad durante siglos. La identificación de los cultores del arte como espíritus sensibles, tantas veces emparentados con la flojera, vuelve a dar paso a una realidad que ya ha quedado sobradamente probada: la valentía, el coraje, la capacidad de enfrentar situaciones límites y la mirada realista acerca de lo que ocurre no son valores contrapuestos con el amor por lo estético, el arte o cualquier otra forma de expresión cultural o intelectual.

No hace tanto tiempo un actor profesional fue el líder mundial que derribó definitivamente el Muro de Berlín y cambió al mundo.

Ronald Reagan, de quien también se dudaba hasta la burla acerca de su capacidad para comandar a la nación más poderosa del planeta, no solamente terminó con la URSS sino que impuso reglas de juego económicas que rigen hasta nuestros días. Buenas o malas, lo que aquí importa es que aquel protagonista de películas Clase B de Hollywood fue prueba cabal de como se lidera una nación en tiempos de crisis y logró todos y cada uno de los objetivos.

Sin olvidar por un instante que su socio silencioso en la estrategia fue otro personaje que, hasta tomar la decisión de abrazar el sacerdocio, tenía como actividad principal la de actor vocacional en los convulsionados teatros under se de Polonia natal, a la vez que despuntaba un talento singular como poeta y escritor: Karol Wojtyla, a la sazón el papa Juan Pablo II. Alguien que además supo poner en caja una Iglesia plagada de sospechas, corrupciones y hasta las dudas que generaron en el mundo la súbita muerte de su antecesor.

Pero además en su Cracovia natal y como cardenal primado de su país había enfrentado con el mismo coraje a nazis y soviéticos, salvando la vida de miles de compatriotas en años de persecuciones y muerte. El reconocimiento de la comunidad judía internacional fue prueba cabal de su incansable trabajo protector durante los crueles años de la Segunda Guerra Mundial.

Leslie Howard, murió el 1 de junio de 1943 cuando el avión en que regresaba desde Lisboa a Inglaterra fue abatido por cinco cazas alemanes. Si bien en un primer momento se dijo que los nazis tenían información acerca de que uno de los pasajeros era el propio Primer Ministro Winston Churchill, se comprobó luego que el ataque se llevó a cabo contra el conocido actor que llevaba en su poder documentos secretos que, en su carácter de espía del gobierno de su país, había conseguido con gran riesgo personal durante sus años de residencia en Portugal.

Howard, el inolvidable  Ashley Wilkes en la mítica película «Lo que el viento se llevó», se había negado a entregarlos a un tercero y, sabiéndose investigado por los esbirros de Hitler, prefirió cumplir con su compromiso de transportarlos personalmente.

Aquí en Argentina no son pocos los actores y actrices, intelectuales y referentes de la cultura y tantos otros representantes del mundo del pensamiento y la pasión por lo artístico que en diferentes épocas se han involucrado en luchas sociales y políticas que en no pocos casos terminaron costándoles la vida.

Vaya entonces el recuerdo a esa raza especial de seres sensibles, abiertos a la estética y aferrados a la ética, que lejos de melindres y flojedades demuestran cabalmente el coraje, el compromiso con los suyos y su capacidad para conducir con firmeza y decisión los procesos más complicados de la historia.

Para demostrar que la realidad supera siempre la ficción…