PASARSE DE LA LINEA

Las declaraciones del candidato a gobernador Axel Kicillof pretendiendo que “hay gente que se dedica a vender droga porque se quedó sin laburo” suponen traspasar un límite moral y conceptual peligroso.

Generalizada o segmentada la pobreza siempre fue un desafío moral que marcó el camino que había resuelto tomar una comunidad. Frente a casos extremos de destrucción social pueblos enteros reaccionaron fortaleciendo los lazos comunitarios, sosteniéndose en los demás y sobre todo buscando en el trabajo la redención de la marginalidad.

Y aunque la solución no apareciese a la vuelta de la esquina, no cejaron en su intento ni buscaron atajos en lo incorrecto. Y menos en lo criminal…

Las palabras de Kicillof demuestran una flaqueza moral que pretende ser descriptiva pero torna en repudiable cuando se limita a justificar los hechos sin medir la gravedad de elegir el delito como camino de salida. En tiempos delicados en los que el narcotráfico avanza sin pausa, más allá de las políticas de las naciones para combatirlo, el ex ministro termina avalando los argumentos que estos criminales utilizan para captar jóvenes y niños de los sectores marginales y ponerlos a su servicio con la promesa de guiarlos hacia el abandono de la miseria. Lo que nunca ocurre y, además, tampoco se intenta.

Argentina estalla en miseria pero no más que Japón después de la Segunda Guerra Mundial o tantos países devastados por conflictos y hambrunas que sin embargo siguieron inculcando a las generaciones siguientes los valores de la convivencia, la honestidad y el esfuerzo. Y vaya si castigaron fuertemente a quienes prefirieron, con cualquier pretexto, el atajo del delito.

Todos tenemos que tener cuidado con las palabras que en tiempo de angustias se convierten en armas letales tomadas por muchos para tratar de resolver verdaderos dilemas morales. Cuanto más si las mismas surgen de la boca de un dirigente que aspira, nada más y nada menos, a gobernar la provincia argentina en la que el flagelo del narcotráfico se encuentra más extendido y presente.

Porque en esta guerra por la vida lo único que no cabe es la dualidad…