PAUPÉRRIMO NIVEL DE LOS ASPIRANTES A LA POLICÍA LOCAL

Es tan alto el número de rechazos entre quienes aspiran a integrar la Policía Local que una y otra vez debe reabrirse la inscripción. La mayoría de los pretendientes no pasan el examen de lectoescritura.

Ya son cuatro las ocasiones en las que el municipio debió reabrir la inscripción de aspirantes para la policía local. El deseo del intendente de llegar a los mil efectivos choca una y otra vez con la gran cantidad de rechazos que se producen en cada revista.

¿Qué es lo que ocurre?. Las causas son múltiples -deficiencias psicofísicas, falta de domicilio local, etc- pero la más reiterada es la dificultad de los aspirantes para pasar el examen de lectoescritura que, contra lo que podría suponerse, se basa en premisas básicas que deberían ser aprendidas en la escuela primaria y cuanto más en la secundaria.

Y si bien plantea un desafío específico -se trata nada más y nada menos que personas que munidas de armas de fuego deben cuidar de la seguridad ciudadana e interpretar la gravedad de la cuestión que afrontan- pone también en evidencia la pobreza de la educación argentina en general.

Todos los aspirantes son productos del sistema en la provincia de Buenos Aires y su promedio no es distinto al que puede encontrarse en quienes ingresan en cualquier otra carrera de las diferentes ofertas profesionales de una universidad.

Al consultar el modelo de examen que se publica en la página del Municipio, se pide a los aspirantes “ordenar correctamente las ideas principales” de un texto; “señalar en la columna que corresponda si las afirmaciones son verdaderas o falsas” y “escoger el resumen correcto –de ese texto-, marcando la opción correcta en la columna de la derecha”. Básico y elemental para cualquier persona que ya ha cursado dos ciclos educativos de los tres que componen la educación en el país.

Sin embargo…fracaso reiterado. Una cuestión para reflexionar y darnos cuenta de la caída en picada de la escuela -privada o pública- en un país que supo estar entre los diez más educados del planeta.

En épocas en que nuestros gobernantes hablaban menos y hacían más.