«Pedidos Ya» se especializa en repartir tortas

Por Adrián Freijo – La pelea originada en la puerta de una cervecería local tuvo los ingredientes de una realidad cotidiana, repetida y preocupante que muestra cuestiones a atender con premura.

Violencia, justicia por mano propia, incumplimiento de las normas de distanciamiento obligatorio, violación de lo dispuesto en la Fase 3 de aislamiento con la complicidad de autoridades que prefieren mirar para otro lado y un falso como peligroso espíritu de cuerpo que se intenta justificar en la falta de respuesta del estado, son apenas algunos de los ingredientes que terminaron por amasar otra jornada de descontrol de las tantas que ya son habituales al paisaje marplatense.

Por razones vinculadas a una cuestión personal, un grupo de repartidores de la empresa «Pedidos Ya» se trenzó a los golpes con otros jóvenes que se encontraban el la puerta de dicho local -que pocos días antes había estado en el ojo de la tormenta por violar descaradamente las normas de aislamiento y que sin embargo sigue trabajando sin que nadie repare en la gravedad de llevar adelante acciones que sirvan para la propagación de un virus que le ha costado al mundo más de un millón de muertos- bajo el pretexto de que la policía no iba a asistir a aquel de ellos que había comenzado el problema y la falta de seguridad de la que son víctimas habitualmente y en soledad, lo que los obliga a intentar su propia defensa.

En este caso se trataba de una supuesta estafa de la que había sido víctima uno de los repartidores de la firma y, además de los golpes repartidos a diestra y siniestra, el joven y sus compañeros de reparto la emprendieron contra el automóvil del acusado dejándolo en las condiciones que ilustra la foto principal de esta nota. Justicia e indemnización en un solo acto y a la velocidad de un delivery.

Esta violencia desatada para la solución de los conflictos, sumada a la que se hace presente en nombre de una supuesta autodefensa, convierten la calle en verdadero escenario de pandillas que -con el pretexto altruista de combatir la inseguridad o lograr justicia- han resuelto prescindir del estado, de las instituciones y de todo aquello que como sociedad hemos sabido construir par el bien común. Con el riesgo agregado de dejar en manos sin preparación ni criterio la decisión de elegir el momento, las causas y los modos de estas «intervenciones directas y punitivas».

Al calor de tanta sinrazón -y tanta decepción por la insuficiente respuesta oficial- van creciendo bandas y cofradías de todo tipo que, tal vez sin buscarlo y de la mano de sus propias limitaciones, se arrogan el derecho de convertir las calles marplatenses en verdaderos campos de batalla que con creciente habitualidad tiene como protagonistas a esta nueva y extendida realidad que son los grupos de delivery con sus motos y sus reglas personales.

Hasta no hace mucho esa anarquía se limitaba al incumplimiento flagrante y peligroso de las reglas de tránsito -en alocadas carreras que debe suponerse están vinculadas a la sobreexplotación a la que a veces son sometidos- pero últimamente se multiplican las acciones violentas, ya sea para obtener justicia, ya sea para dirimir absurdas rivalidades o por lo que fuese.

Deberán las autoridades locales poner el foco en la cuestión. Y sobre todo controlar que de la mano del reparto domiciliario no se incuben situaciones delictuales de las que hoy haya tal vez más leyendas que certezas pero que….siempre nos llevan a aquello de «cuando el río suena, agua trae».

Nadie puede estar por encima de la ley, nadie puede fijar sus propias normas para relacionarse con el conjunto y nadie puede pretender, con el pretexto que sea, utilizar impunemente la violencia como medio de resolución de conflictos.

Aunque una de sus funciones sea la de repartir tortas…