Peronismo: ¿quedan cenizas de lo que fue?

Por Adrián FreijoProscripto y perseguido por décadas, dueño de algunas de las mejores y las peores horas de la democracia argentina, nunca arrió sus banderas, al menos hasta hoy.

No fue de rosas el camino del peronismo ni fácil su existencia desde el momento mismo de su fundación. Y no siempre por culpas ajenas; muchas veces la desmedida ambición de sus dirigentes -acompañada por escasas respuestas a las necesidades del pueblo que lo acompañó desde 1945- lo puso en el rincón de los castigos hasta que pudo, también por cosas compartidas, volver al centro de la escena.

Pero nunca abjuró de su personalidad ni abandonó su pertenencia.

Prohibido durante dos décadas por gobiernos de facto, y también en los condicionados interregnos democráticos, lucho a brazo partido hasta conseguir el retorno de su fundador al país y al poder. Como lo hizo durante los oscuros años del Proceso, con dirigentes presos, asesinados y desaparecidos. Siempre bajo el orgulloso manto del peronismo y su doctrina.

Pero que lejos quedan hoy los días en que Perón definía a sus frentes electorales como “el peronismo y una cantidad de sellos de goma, que acompañan”. Tan lejos como que ahora quien parece haber tomado dimensión de vano acompañamiento es el que durante siete décadas fue reconocido como el partido político más grande de América Latina.

A nadie debe sorprender la decisión de Cristina Fernández de ordenar el abandono del PJ como si se tratase de un barco que naufraga. ¡¡¡Si nadie más que ella hizo todo lo posible por torpedear su linea de flotación, fingiendo ponerse al timón tan solo cuando las circunstancias lo aconsejaban como oportuno!!!. ¿Porqué habría ahora que mostrar un respeto que nunca tuvo?.

Lo que ciertamente importa es la actitud que cada uno de sus dirigentes, sus autoridades nacionales y de distrito y en definitiva sus afiliados y simpatizantes tomen frente a la decisión de “tirarle por la cabeza” el partido a Florencio Randazzo. Frente a un final ridículo, incompatible con una historia que abarca toda la historia de la Argentina moderna.

Y tal vez aún más lo es la decisión que la justicia tome frente a esta burla a cuatro millones de afiliados, al espíritu de la Ley Electoral y al corazón del sistema democrático argentino. Si por acción u omisión se autoriza la maniobra, habrá muerto para siempre el peronismo pero -más grave aún- ya nadie podrá reclamar cristalinidad para una democracia que derrocha opacidad por donde se la mire.

¿Entenderán los dirigentes peronistas que están frente a la oportunidad histórica de plantarse y gritar “no señora, nosotros somos un partido democrático, con mártires, historia, plataforma y pueblo. Nadie nos saca de la cancha por conveniencia personal; porque no lo hizo Perón ni lo hubiese aceptado Evita”.

Lo que tal vez nunca sepamos si es cierto o no…pero sobre esa convicción se construyó una historia que el mundo entero, para halago o denuesto, se sintió en la obligación de comentar.

Tal vez algunos crean que todo esto que está pasando es otra “viveza” peronista como las listas espejo, las testimoniales, las colectoras y tantas otras cosas que abochornan de solo recordarlas.

Pero no…esta vez se trata de la continuidad del peronismo y su historia, o del entierro de una ficción que solo avergonzará a todos aquellos que en su nombre perdieron el trabajo, la libertad o la vida misma.

Y aunque a sus detractores esto pueda alegrarlos y darles la sensación haber tenido siempre razón, para millones de humildes argentinos que se sintieron por primera vez “alguien” bajo el tibio sol de la Plaza de Mayo…la cosa no será tan simple.