Se quedó afuera, y nadie hizo nada para que entrase. Arroyo se ofendió con su funcionaria y le pidió la renuncia, tanto a ella como a Volponi. ¿Se rompió Cambiemos? o se viene otro «yo no fui»
«Me traicionaste» fue el saludo con el que el intendente recibió a la Secretaria de Desarrollo Social. La acusa de haber acompañado la jugada pergeñada en La Plata para dejarlo fuera de todo juego.
Mientras todo el mundillo político se pregunta como va a hacer Carlos Arroyo para sostener una gobernabilidad tan débil como vacía de contenido, no son pocos los que se arrepienten de no haber creído aquella afirmación periodística que anticipaba ya a fines de 2016 que la paciencia de la gobernadora había llegado a su fin.
Es posible que Vilma Baragiola no haya jugado carta alguna a favor de que se respetara la lógica de reconocer al jefe comunal un espacio más digno en las listas, pero de ahí a hablar de una traición hay un trecho que el interesado parece no querer recorrer: el que separa sus caprichos y visiones de una realidad que indica que la dirigente radical nunca sacó los pies del plato de su partido y que pretender que enfrentara una decisión de Vidal era algo más que una distracción.
Baragiola nunca ocultó su decisión de ir por la intendencia en 2019 y en ese objetivo el aparecer como la figura más convocante del radicalismo no era un escalón menor. ¿Qué debió hacer?, ¿jugar la estrategia trasnochada de Agrupación Atlántica y dejar que Arroyo siguiera acomodando familiares en puestos salidores?. Un disparate…
Romper con la UCR -lo que ya era un hecho- y con el PRO no harán otra cosa que agravar la situación de debilidad del actual gobierno comunal. Salvo, claro está, que por la mente del lord mayor pase una última jugada «salvadora»: recomponer el juego de alianzas e intentar un gobierno distinto con socios distintos.
«La gente me votó a mi» dice por estas horas y así lo repiten desde su enjuto partido. Y mucho de cierto hay en esa aseveración, aunque su alta imagen negativa, que aparece en todas las encuestas y sondeos de opinión, haga que ese tiempo parezca hoy muy lejano.
Habrá que ver que es lo que da vueltas por su cabeza; y también preguntarse por donde podría pasar ese supuesto nuevo tablero. Porque solo, aunque lograse el perdón de tanto herido que ha dejado en el camino, parece por ahora una tarea imposible.
Los familiares, para comer los tallarines domingueros y disfrutar de la primavera de los altos ingresos, pueden ser suficientes. Pero para gobernar General Pueyrredón parecen algo menos que poco.
Tal vez debió pensarlo antes…


