PLATA QUEMADA

Ninguno de los organismos multilaterales ha servido para resolver alguna crisis internacional. El mundo comienza a preguntarse si tiene sentido gastar miles de millones en estructuras vacías.

La Liga de las Naciones, antecesor directo de la ONU, se cansó de ser condescendiente con Adolfo Hitler hasta el desvarío de «aceptar» su invasión a Polonia bajo el pretexto de que sería la última. El fin de la guerra marcó el inicio d la nueva institución que desde aquel lejano octubre de 1945 y hasta la fecha no ha podido hacer otra cosa que acompañar los intereses de sus miembros más poderosos y observar impotente como el mundo arde en guerras, hambre, dictaduras e injusticias sin solución de continuidad.

¿Podemos los argentinos sorprendernos por el papelón de la OEA en la desangrante crisis venezolana?, ¿es que acaso olvidamos la impotencia vergonzosa del organismo cuando en la guerra del Atlántico Sur no pudo siquiera implementar el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) ante la «orden» del gobierno de EEUU para que se corriese del escenario?.

La Unión Europea, que hoy se desgaja entre el Brexit y la desobediencia de sus miembros cuando la crisis los toca, ¿pudo alguna vez resolver uno solo de los constantes conflictos. ¿Grecia?, ¿Portugal?, ¿la migración ilegal?…todos los dramas la vieron como testigo inerte de lo que ocurría.

¿Y el Mercosur?¿y el Parlasur?...simples castillos de naipes armados para justificar millonarios sueldos y engolados discursos. 

Pero Chávez primero y Maduro después instalan una dictadura salvaje ante la que todos los organismos hacen silencio y/o miran hacia el costado. Y los gobernantes de la región arrasan las leyes, incumplen sus constituciones, esconden la corrupción y además la ejercen, manejan la justicia y violan los tratados internacionales sin que reciban otro «castigo» que alguna lavada e inentendible declaración de compromiso.

¿Sirven entonces estos elefantes blancos a los que se destinan generalmente a amigos o dirigentes a los que no se sabe «donde ponerlos»?. Así como están, seguramente no. De nada sirvió siquiera que algunos países como el nuestro sobreactuaran dando a los tratados internacionales raigambre constitucional. ¿De qué sirve si los organismos emisores son puro cartón pintado?.

Mueren por cientos en Venezuela, se ahogan por millones en el Mediterráneo, vuela el gas letal en Siria, se arrasan poblaciones enteras en Afganistán y Pakistán, arde Chechenia, se llenan las cárceles de Cuba y Nicaragua con aquellos que osan disentir; y así en el mundo entero.

Los «organismos internacionales» en tanto, entre cóctel y cóctel, lanzan discursos vacíos y disposiciones que nadie escuchará.

Otra era debe ver la luz…