Playa Grande, la inutilidad del estado y un mensaje a los «distraídos»

Por Adrián FreijoUna vez más la violencia, la prepotencia, las lesiones y la impunidad. Y también recurrentemente la falsa indignación de la prensa y la sospechosa pasividad de las autoridades.

Una vez más…y van…

Otra noche de violencia en la zona de boliches de Playa Grande, continuando una tradición que hoy ya tiene expresiones diarias de su vigencia: la violencia, las heridas, la violación de las normas, la impunidad y el silencio cómplice de las autoridades que ni siquiera atinan ya a fingir que tratan de hacer algo.

Hace pocos días un joven casi es asesinado por una patota de inadaptados, en las instalaciones del boliche «Ananá» y a la vista de todo el mundo; pocas horas después una banda descontrolada persiguió y golpeó a un grupo de jóvenes en La Caseta, y anoche un músico marplatense fue salvajemente golpeado por los custodios de «Santa», otro bar de la concurrida zona de «la Grande» y en lo que va del año dos episodios generalizados de violencia a las puertas de «La Normandina» terminaron con jóvenes contusos y heridos..

Desde que de la mano del poder político se instaló este ghetto del todo vale, amañado a cambio de jugosas contribuciones económicas a campañas y bienestares personales varios, el lugar se convirtió en un sitio independiente que se rige por sus propias reglas y en el que la comunidad organizada en el estado solo puede mirar, fingir, callar y tapar.

A veces por dinero, más acá en el tiempo a cambio de canilla libre a algún poderoso de turno amante de la noche y los tragos, pero siempre con la complicidad de las fuerzas de seguridad y la mirada corta de la justicia, un grupo de inescrupulosos comerciantes se apropió de un lugar emblemático de Mar del Plata e impuso en sus límites un reinado de impunidad que, ahora lo sabemos, no tendrá fin hasta que aparezca un gobernante honesto, valiente y capaz de interpretar lo que la inmensa mayoría de la comunidad está pidiendo a los gritos: que cese la violencia desatada, las peleas entre bandas, el derecho a la caza humana de los patovicas y la deplorable imagen de policías e inspectores mirando desde lejos como los intocables de la noche mandan moler a palos a quien fuese con tal de recuperar el libre manejo de su tramposo negocio.

Mientras la prensa, que cada día diluye más su compromiso con la verdad y con la gente, llena los espacios de frases engoladas que no tendrán jamás la persistencia necesaria para lograr que los responsables modifiquen sus actitudes. Todo es epitelial…y el periodismo solo se preocupa por maquillar la ajada piel de la realidad.

¿Está prohibido bailar?…se baila…

¿Hay que cerrar a determinada hora?…se sigue como si nada hasta el amanecer…

¿No se puede vender alcohol a los menores?…que se ahoguen en bebidas, se emborrachen y que después se hagan cargo los padres.

La llegada de Guillermo Montenegro al municipio pareció abrir una instancia de esperanza. El hombre venía precedido de un aura de firmeza y honestidad que hacía suponer que los arreglos del pasado quedarían sepultados con la nueva realidad. Pero fue solo un espejismo…

Tal vez arrasado por este tiempo excepcional, o por tener que negociar cada cosa para evitar caer en las trampas que constantemente le tienden desde provincia y nación, lo cierto es que el intendente no ha hecho más que sus antecesores para poner la casa en orden.

Pero cuidado…la inacción lo empuja tristemente al cono de sospecha que la sociedad, harta de mentiras y ficciones, tiene cada vez más dispuesto para hacer entrar en él a quien no pueda dar respuestas que, por obvias, parece hasta infantil tener que recordarlas.

Y que no solo se necesitan en Playa Grande; también en la zona norte el hijo de un influyente político radical viola groseramente todas las normas y desconoce cualquier sanción que se le imponga, multiplicando las fiestas, los encuentros y las más inimaginables violaciones a las medidas sanitarias exigidas al resto de los comerciantes y de la comunidad.

Así las cosas es claro que hasta que no se proceda a la clausura definitiva de estos lugares y al retiro de su habilitación comercial de estos comercios de la violenta zona de Playa Grande -sanción prevista en la legislación vigente y de la que ya son largamente merecedores- tendremos que seguir pensando que otros intereses se esconden detrás de semejante despropósito. Y que no ha llegado aún el gobernante que quiera poner punto final a esta vergüenza que nos afecta a todos y que puede costar vidas en cualquier momento…

Porque alguien creía que Cromañón o Keyvis nunca iban a existir…y existieron.

Porque alguien descontaba que los desvencijados trenes iban a poder al menos frenar al llegar a la estación Once…y no frenaron.

Y sobre todo, algunos creen que la gente es tonta y no se da cuenta…y se equivocan.

Madrugadas violentas: escenas comunes en la zona liberada de Playa Grande