POLÍTICAMENTE INCORRECTO

Pareciera que decir la verdad, aunque sea evidente, puede ser un error si se camina en contra de la corriente del facilismo. La política de espacios públicos en la ciudad es claro ejemplo de ello.

Una vez más el intento oficial de desalojar el circo La Audacia genera un revuelo en el que se ponen en juego cuestiones como el valor de la cultura, el respeto a los artistas y hasta la libertad de expresión. Todas cuestiones que deben ser centro de la preocupación comunitaria cuando alguien las pone en riesgo.

Pero resulta que este no es el caso.

Dejemos de lado el valor artístico de la propuesta -que bien puede ser de calidad superlativa- para detenernos en los hechos. Cuando el circo consiguió la autorización para instalarse en un predio público -el Museo Lorenzo Scaglia- lo hizo con la propuesta de constituir una escuela de la actividad para enseñar a los niños los rudimentos del mundo circense.

Pero a poco de andar, más allá de la actividad propuesta, el emprendimiento tornó en comercial y se convirtió en un negocio que, en lugar público, beneficiaba a sectores privados.

Nada que ver con el proyecto original.

En nombre de valores indiscutibles que van desde el derecho a trabajar, los derechos humanos o el sexo de los ángeles Mar del Plata ha ido cediendo en forma continua sus espacios públicos hasta el punto de convertir su microcentro en un aquelarre que hizo que las inversiones buscaran otro eje urbano y que lo que ayer lucía como el paseo ciudadano por antonomasia sea hoy un lugar sucio, abandonado y sin futuro alguno.

Y todo por la ineptitud, venalidad o debilidad demagógica de funcionarios a los que pagamos más que bien para que cuiden nuestros intereses comunes y que sin embargo no dejan de permitir que se degrade la vida urbana marplatense.

Terminemos. No puede ser que el interés general siempre sea arrasado por intereses privados o sectoriales. Si se pretende una escuela circense bien puede funcionar en un lugar menos privilegiado y, por ejemplo, asentarse en alguno de tantos barrios necesitados de alguien que se acerque a enriquecer su vida.

O resolvamos, de una vez por todas, que vivir del esfuerzo propio, arriesgando trabajo y capital, pagando los impuestos correspondientes y sin esperar que el estado lo haga por nosotros, puede ser una forma de progreso en cualquier lugar del mundo menos…en Mar del Plata.

Una forma de vida que, justamente, precisa de la verdadera «audacia».

 

 

Foto: gentileza «Que Digital»