Barack Obama recibe diariamente los dardos de Donald Trump. Pero se ha impuesto un silencio que le enseñó su antecesor George Bush y que representa no dividir a la sociedad.
Obama ha evitado en estos tres meses el cuerpo a cuerpo con Trump. Lo hace por la creencia, compartida con su antecesor, George W. Bush, de que presidente no hay más que uno y que la duplicación de mensajes va contra el interés general.
Pero también porque él y los suyos están convencidos de que una espiral de este tipo sólo favorecería al multimillonario. Prefieren guardarse las balas para los comicios del año próximo, donde los demócratas sueñan con romper la mayoría republicana en ambas cámaras.
Pero guardar silencio ante Trump no ha sido fácil. Las bases le han presionado para que intervenga y el propio mandatario le reta constantemente. Desde la atalaya presidencial, Trump le ha culpado de la sangría siria, le ha acusado de haberle espiado y le ha endosado en un tuit uno de sus insultos preferidos: “Hombre malo y enfermo”.
Atado al mástil de la prudencia, Obama ha resistido. Se ha apartado de la primera línea de combate y se ha zambullido en unas maravillosas vacaciones.
En estos 95 días, jugó al golf en California, hizo kitesurfing en las Islas Vírgenes con el visionario Richard Branson, se zambulló en el azul turquesa de la Polinesia Francesa y desde El Sol Naciente, el yate del magnate cinematográfico David Geffen, disfrutó de buenos momentos con sus amigos Tom Hanks, Bruce Springsteen y Oprah Winfrey.
Ahora ha vuelto a la luz pública. Y lo ha hecho al modo tradicional, primero firmando un contrato con la editorial Penguin Random House por 61 millones de dólares (cuatro veces más que Bill Clinton) por sus memorias y las de su esposa, Michelle, y después entrando en el circuito de conferencias pagadas.
Aunque no se sabe cuánto cobra por comparecencia, se trata de una actividad bien remunerada. El expresidente Clinton percibe una media superior a los 200.000 dólares por intervención y Bush de unos 150.000. Representado por la elitista agencia Harry Walker la agencia Harry Walker, Obama ha dado luz verde a una serie de charlas que le llevarán primero por Estados Unidos y luego a Italia y a Alemania, donde, ya fuera de los actos nutricios, se reunirá con la canciller Ángela Merkel, con quien forjó una sólida amistad. La misma que cayó bajo las agrias bromas de Trump que inclusive se negó a darle la mano en público.


