PRESUPUESTO

El debate por la falta de aprobación del Presupuesto 2018 en General Pueyrredón sirve para rescatar algunos principios que deberían ser inmodificables para el Ejecutivo y el Deliberativo.

Cuando el peronismo formó alianza con los militares para derrocar a Arturo Illía, ambos socios resolvieron acortar los tiempos a partir de una jugada tan perversa como contundente: dejaron al presidente sin presupuesto. 

La maniobra fue un éxito, el presidente no pudo gobernar y -con la ayuda inestimable de la prensa golpista- en junio de 1966 fue expulsado arteramente del poder, entre la indiferencia y el festejo de gran parte de la sociedad argentina.

Desde entonces hay una ley no escrita, pero considerada sagrada, que dice que a quien gobierna se le puede discutir el presupuesto, modificar el contenido, obligar a cambiarlo…pero jamás negarle un instrumento de gobierno de semejante magnitud.

Porque en algún punto es lógico que oficialismo y oposición no concuerden en los contenidos; de otra manera no representarían, se supone, ofertas políticas diferentes.

En el caso que nos ocupa, es doblemente peligroso dejar a la administración de Arroyo sin el Presupuesto 2018. Cierta tendencia del intendente a un personalismo que suelo rozar con el capricho, hace aconsejable que se le apruebe cuanto antes y que el deliberativo se aboque a controlar su ejecución y cumplimiento.

Claro que no sería menos inteligente que el jefe comunal aceptase sin más algunas modificaciones que unánimemente reclama la oposición y una parte no menor de ediles oficialistas. ¿Tiene sentido estar detenidos por una cuestión mínima como es la quita de excepciones a los espectáculos?. Infantil…y demostrativo de que la cuestión de fondo es bien otra.

Cuidado entonces con este juego peligroso. Hay aspectos de la institucionalidad que deben quedar para siempre por afuera del “tira y afloje” de la política y una institucionalidad que se supone creciente desde 1983 a la fecha ya debería saberlo.

Aquellos antecedentes de un pasado no tan remoto tienen que servir de llamadores ante la intención de desestabilizar al gobierno comunal. Llorar luego…no servirá de nada.