¿PROPIETARIOS, CONTRIBUYENTES O ESCLAVOS?

Los vecinos de la zona norte padecen el corte de de la Ruta 2, acampes, prepotencia y mal trato por parte de los grupos que manejan las protestas. Y nadie, ni la justicia ni el gobierno, vela por ellos.

 

Ya se ha convertido en costumbre cortar los accesos a la ciudad para «visibilizar» el reclamo de las organizaciones sociales, los gremios o cualquiera que se sienta con derecho a avasallar los derechos comunes para hacer valer los propios.

Y en esta costumbre enferma y propia de una sociedad que ni cree ni ejerce la democracia real, los vecinos de la zona norte de la ciudad han encontrado un verdadero calvario que les impide transitar hacia sus hogares y sus trabajos, vivir con alguna normalidad y sobre todo evitar quedar a expensas de matones y autoritarios que ante el menor pedido de paso –sin importar siquiera si se trata de una urgencia médica– esgrimen amenazantes palos y cadenas mientras prometen represalias «en nombre de los derechos populares».

Y son 30.000 personas, vecinos y contribuyentes de General Pueyrredón además de ciudadanos a quienes se supone en uso y goce de sus derechos, las que no entienden la indiferencia culposa de la justicia y de las autoridades municipales que no han movido un dedo para hacer respetar aquello que fija la Constitución, las leyes que reglamentan su ejercicio y hasta…las normas de tránsito.

Y así se suman a los marplatenses que viven en la llamada zona roja, a quienes en las inmediaciones del palacio municipal ven semanalmente lesionada su calidad de vida y sus posibilidades comerciales o quienes han quedado cercados en tantas esquinas y sitios ocupados por la venta ambulante, el uso indebido de espacios de estacionamiento, la toma de espacios públicos para vivienda de malvivientes y tantas otras desviaciones urbanas que suenan ridículas en una ciudad que paga tasas e impuestos por arriba de toda lógica y a cambio de nada.

Quienes buscaron en el norte de la ciudad la tranquilidad de barrios sin propiedad horizontal, con preeminencia de verde y con el valor agregado del silencio y la serenidad han sido estafados. Y lo seguirán siendo porque el estado, ese que mes a mes pasa a recoger su diezmo, ha decidido que esa zona de la ciudad también quede en manos de quienes, con la complicidad de jueces, fiscales y funcionarios, van en busca de aquello que les permita seguir viviendo del estado y de todos nosotros.

Aunque para ello deban arruinar la vida de los demás…