Radiografía de la vuelta de los deportes náuticos

La costa marplatense recuperó la silueta de las velas diminutas mar adentro y niños, adolescentes y adultos volvieron a copar los muelles y clubes deportivos de la ciudad.

El traje de neoprene de cuatro milímetros de espesor y el chaleco salvavidas, equipo básico indispensable para quienes practican deportes náuticos durante el invierno en Mar del Plata, debieron sumar el barbijo como accesorio fundamental, porque desde el regreso de las actividades después de más de tres meses por la pandemia del coronavirus, todos deben llevarlo puesto hasta subir individualmente a su embarcación.

A partir de la habilitación de las disciplinas náuticas, la costa marplatense recuperó la silueta de las velas diminutas mar adentro y niños, adolescentes y adultos volvieron a copar los muelles y clubes deportivos de la localidad balnearia, aunque a diferencia de lo que históricamente ha sucedido, ahora tienen que respetar los protocolos y guardar distancia social hasta estar en el agua.

En tiempos de coronavirus, todos los componentes ceremoniales propios de un entrenamiento o de una regata -al igual que el uso de espacios comunes o vestuarios- quedaron suspendidos hasta nuevo aviso: por ahora, de la casa al mar y del mar a la casa.

«Los chicos vienen solos, navegan y se vuelven a la casa con el pelo mojado», explicó a Télam José Di Rico, subcapitán del Club Náutico Mar del Plata.

Di Rico aseguró que «es extraño no ver todo lleno de adolescentes o familias dando vueltas» por los muelles, pero dejó en claro que «después de tanto esperar, es clave cumplir los protocolos».

La vuelta de las disciplinas náuticas y de embarcaciones sin motor fue habilitada por el municipio desde el último 3 de julio, cuando la ciudad tenía solo nueve pacientes en tratamiento por coronavirus y se autorizaron los deportes individuales al aire libre.

Pese a que en las últimas dos semanas se registraron brotes con más de 200 casos nuevos, la comuna consideró que esos focos no están vinculados con estas actividades y por el momento seguirán permitidas.

En el caso de la náutica, la vuelta a la actividad no incluye a las instalaciones cerradas de los clubes, y tampoco a las clases y las competencias.

Los cambios más notorios, según Di Rico, tienen que ver con lo extra deportivo: «Ahora, quienes navegan ingresan al club de a uno, se les toma la temperatura, dependiendo cada categoría retiran sus embarcaciones, y van al agua, solos. Recién entonces pueden sacarse el barbijo. Y una vez mar adentro ya están suficientemente separados entre barco y barco».

Quienes aprovecharon inmediatamente para volver a la actividad fueron principalmente aquellas personas que se desempeñan en las clases de vela ligera Optimist y Laser, ambas individuales, aunque hay algunas excepciones que pueden hacerlo en pareja, como el caso de deportistas de elite, o aquellos vinculados al equipo olímpico nacional.

Uno de ellos es Massimo Contessi, de 20 años, quien junto a su hermano Luca, de 18, compiten en la categoría «49ER» y y son sparrings del equipo olímpico femenino, integrado por Victoria Travascio y María Sol Branz, que ya consiguieron la clasificación a Tokyo.

«La verdad es que nosotros vamos, entrenamos y nos vamos, casi sin contacto con nadie. Es raro, pero es importante que haya vuelto la actividad. Hay mucho control», explicó el mayor de los Contessi a Télam, y dijo que «va a pasar mucho tiempo» hasta que vuelvan a juntarse con amigos en la amarra o en los llamados «after race».

Pese a no haber abandonado el entrenamiento físico personal durante la fase más estricta del aislamiento, el joven confesó que tampoco fue fácil volver a la actividad en el agua: «Los primeros días costaron mucho, porque uno se da cuenta de que perdió agilidad».

«Estás tosco, cuesta todo un poco más», aseguró, y contó que también le resulta algo extraña la «nueva normalidad» en la que no hay contacto con el resto de los deportistas.

Di Rico contó que los protocolos alcanzan también a quienes navegan en veleros, ya que deben salir en solitario.

«Solo está permitido navegar en solitario -explicó-, o en las llamadas burbujas de convivencia, en el caso de un grupo familiar que viva en el mismo domicilio. En ese caso, vienen juntos, navegan , y se van sin entrar en contacto con más nadie».

Fuente: Alfredo Ves Losada  (Télam)