Reserva de la Escollera Sur: pasan los años y la desidia oficial continúa

RedacciónLa Fundación Fauna Argentina cargó sobre sus espaldas la responsabilidad de cuidar y proteger una especie que representa la imagen de la ciudad. ¿Y las autoridades?; ausentes.

Desde hace décadas la Fundación Fauna Argentina, fundada por Antonio Lorenzani y sus hijos, viene haciéndose cargo de un emprendimiento que ya es tradición en la ciudad. Y lo hace en soledad, sin ayuda ni respuesta de los sucesivos gobiernos comunales ni de organismo oficial alguno.

Combatir la barbarie de la que son habitualmente víctimas los lobos marinos, mantener el lugar en las condiciones suficientes para que una especie tradicional de nuestro mar pueda ubicarse, curar a los animales de las heridas que les producen los pescadores y turistas, supone una tarea titánica que encuentra recompensa en la vocación de los Lorenzani y en la mirada maravillada de adultos y niños cuando observan, a pocos metros, a centenares de ejemplares que en muchos casos son visualizados por primera y tal vez única vez.

La falta de contención facilita el ingreso de animales que atacan a los lobos

El esfuerzo económico que para la Fundación supone sostener el emprendimiento, las horas dedicadas por sus integrantes a mantener el lugar y el convencimiento de que “la lobería” se ha convertido en una verdadera atracción de la zona portuaria deberían ser motivo suficiente para que los responsables del sector se acercasen a ofrecer un apoyo que, por cierto, no representa una erogación difícil de sostener.

Pero nada de ello ocurre; y el deterioro de los cercos que evitan el ingreso de personas o animales en actitud agresiva no encuentra, pese a los múltiples y reiterados pedidos, respuesta alguna.

“El alambrado perimetral donde están los animales se está deteriorando y hemos pedido la colaboración de las autoridades, sobre todo del Consorcio, para que puedan arreglarlo. Al estar roto, entran perros por algunos sectores y los arrean, empujan al agua y hace que los lobos vengan a la banquina. Ayer había 70 animales”, explicó Lorenzani a un portal colega de esta ciudad.

Esa presencia es rechazada, con razón, por quienes desarrollan en dicho lugar su actividad. Pero es tan poco lo que hace falta para resolver el problema que llama la atención que las autoridades del Consorcio Portuario miren para el costado.

Trasladar la lobería a otro sector supondría un trabajo tan arduo como oneroso. Y se perdería una vista tradicional que atrae a miles de visitantes por año.

Los lobos son además una especie en riesgo de extinción y por tanto deberían estar protegidos por las autoridades y no dependiendo de la buena voluntad y la capacidad propia de los particulares.

Esperamos desde LIBRE EXPRESIÓN que quienes tienen el poder y la obligación de intervenir lo comprendan y que marplatenses y turistas podamos seguir disfrutando el privilegio de ver, a pocos metros de distancia, a estos simpáticos animales que -en su versión en piedra- se convirtieron en el símbolo principal de la ciudad turística.