Ritondo: “Arroyo recuerda a Perón que prefería un malo a un tonto”

Por Adrián FreijoEl discurso del intendente en los premios Lobo de Mar dejó al desnudo el peligro de ser gobernados por quien ha perdido el rumbo de la realidad y arrastra a la ciudad.

Carlos Fernando Arroyo afirmó que  tuvo la “mala idea de postularse para intendente”  y que ni él mismo creyó que iba a ganar en 2015. “El destino me jugó una pasada”, dijo.

Hace pocos meses, en agosto, había afirmado que “el próximo intendente voy a ser yo”, confirmando lo que había adelantado unas semanas antes cuando anunció que iría por la reelección.

Algo que no podía sorprender en quien se presentó en ocho ocasiones como candidato a jefe comunal a lo largo de su carrera, sin prestar demasiada atención a la fuerza política que representaba: fue “carapintada”, duhaldista, “pattista” y hasta “manriquista”. Solo una cosa era clara: Carlos Arroyo quería ser intendente a toda costa y era tal su deseo que poco le importaba el sello partidario que lo depositara en Luro e Hipólito Yrigoyen.

Pero como si tanta incoherencia no fuera suficiente, apenas 24 horas antes de confesar su fracaso había adelantado que la temporada que se inicia sería “la más buena en toda la historia de la ciudad”, debido a que su administración había hecho todas las cosa “en forma perfecta”.

Para poner en duda semejante afirmación, a pocos metros de su custodiado y cerrado palco -al que no podían acercarse quienes no perteneciesen al cuestionado círculo familiar que disfruta de millones de pesos arrancados al erario público- comenzaba a acumularse la basura sin que el singular y diminuto personaje atinara a hacer otra cosa que errar en cada intento de solución a un conflicto generado por no querer pagar cuatro agentes policiales por turno que garantizaran el norma funcionamiento del predio de disposición final.

Será importante en las próximas horas lo que se resuelva desde el gobierno provincial. El último apoyo que le quedaba a Zorro Uno, que era el Ministro de Seguridad Cristian Ritondo, no quiso ahora siquiera atenderle el teléfono y crece la convicción de que nada puede hacerse para rescatar una administración que no acierta a estabilizarse, de la mano de un conductor totalmente desestabilizado.

Para agravar la situación, la gobernadora llegó de China furiosa con Arroyo y con los suyos: tuvo que dedicar horas de una gira planeada para otras cosas -sobre todo para lograr financiamiento externo para una provincia que todos saben a punto de estallido- en resolver el disparate del intendente tratando de anular exenciones a la actividad teatral que eran las que justamente sostenían el proyecto anunciado por la mandataria que contemplaba descuentos importantes en el precio de las localidades durante el verano 2018.

En la noche del lunes, en una reunión llevada a cabo en la jefatura de gobierno provincial, parecía que por fin las espadas principales de Vidal habían comprendido que no se trata de un hombre amigo de las posiciones excéntricas, de un político díscolo y ni siquiera de un verdadero incapaz, teoría sostenida desde los despachos más cercanos al presidente Macri; lo que ocurre con Arroyo es el resultado de un hombre que ha perdido contacto con la realidad y, lo más grave, dominio sobre si mismo.

Y esta sensación de que cualquier cosa puede ocurrir en la gran vidriera nacional de los próximos dos meses, es lo que ha puesto en estas horas en funcionamiento “la usina de ideas” para ver de que manera puede neutralizarse.

A punto tal que el mismo ministro que hasta ayer intentaba rescatar a Arroyo comentaba esta tarde que “este tipo me hizo recordar aquello que sostenía Perón acerca de que era mejor tratar con un malo -que sabemos que tratará de dañarnos- que con un boludo que nos lastimará sin saber que lo está haciendo”.

A buen entendedor…