Rusia y EEUU reviven los tiempos de la guerra fría

Como si el tiempo no hubiese pasado las dos grandes potencias vuelven a las cumbres de promesas genéricas, gestos insuficientes y miradas sesgadas mientras ponen al mundo al borde de la guerra.

 

Rusia y Estados Unidos dieron hoy un paso en busca de reducir las tensiones en Ucrania, en un encuentro bilateral de ocho horas en la ciudad suiza de Ginebra, reunión en la que, sin embargo, las dos delegaciones mantuvieron sus posturas pero con una actitud que parece alimentar la chance de un entendimiento futuro, sobre todo por el compromiso de mantener las negociaciones.

Moscú afirmó que no planea invadir Ucrania y Washington exhibió “acciones recíprocas que redundarían en los intereses de seguridad”, en las dos ideas centrales que podrían resumir las conversaciones.

La charla en la neutral Ginebra -la misma ciudad en la que hasta el momento se dio el único encuentro cara a cara entre los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin- fue encabezada por la subsecretaria de Estado estadounidense, Wendy Sherman, y el vicecanciller ruso, Serguei Riabkov.

El cuadro que precedió a las negociaciones estuvo plagado de temores ante la posibilidad de una entrada de tropas rusas a Ucrania, en cuya frontera apostó cerca de 100.000 hombres, el reclamo de Moscú de concesiones a Estados Unidos y la amenaza de Washington sobre la “firme respuesta” que daría si se atacaba a su aliado prooccidental.

Tras el encuentro, Riabkov aseguró que su país no tiene intención alguna de atacar Ucrania y explicó que las tropas desplegadas en las fronteras obedecían a que sus rivales occidentales también aumentaron su presencia.

«Explicamos a los colegas que no tenemos planes, ni intención de atacar, entre comillas, a Ucrania», dijo Riabkov, según la agencia AFP.

Para el funcionario ruso, las discusiones fueron «difíciles, largas, muy profesionales, profundas, concretas y sin intentos de evitar las cuestiones conflictivas».

Sherman, en tanto, reseñó que le había insistido a su par ruso en que una eventual invasión implicaría «costos significativos y enormes», por parte de los países occidentales y que Moscú podía iniciar una «desescalada» con la simple decisión de que sus soldados concentrados en la frontera «vuelvan a sus cuarteles».

Riabkov pareció optimista sobre el reclamo de su país para que la OTAN prometa no ampliarse y reducir su presencia militar en las cercanías de Rusia: «Tenemos la impresión de que la parte estadounidense tomó muy en serio las proposiciones rusas», dijo.