Salarios sindicales: ¿por qué Arroyo genera un conflicto innecesario?

Redacción“Consuetudine” (costumbre), aquel principio de convivencia que después dio paso a las normas legales. La decisión de no pagar el sueldo de los dirigentes del STM viola el concepto.

¿Tiene valor legal una costumbre cuando ha sido acordada por las partes o por el conjunto de la sociedad?. Tal vez no desde la fría letra de la ley (legalidad) pero si, y mucho, desde el origen que esa costumbre supone como base de lo que la sociedad quiere para regir sus normas (legitimidad).

Es así que una decisión puede ser legal, si la ampara una ley, pero a su vez ilegítima, si traiciona un acuerdo social o una situación que pacíficamente ha sido acordada entre los interesados y se ha mantenido en el tiempo.

Algo de esto puede estar pasando con la decisión del intendente municipal de ordenar que no se abonen los salarios  de los integrantes de la CD del Sindicato de Trabajadores Municipales, aferrándose a la norma que sostiene que cuando un trabajador debe dejar su prestación para abocarse a la representación sindical en su gremio o asociación, debe ser esta la que compense sus necesidades con un ingreso mientras la patronal solo tiene la obligación de reservarle el puesto de trabajo e incorporarlo no más allá de los 30 días posteriores a la culminación de esa representación.

Pero ocurre que desde 1983, año de retorno de la democracia al país, el municipio acordó con los dirigentes gremiales que mientras durase su representación se seguirían pagando los salarios en plenitud. Una forma tal vez de compensar la persecución que gremios y dirigentes sufrieron durante la dictadura, con la consabida pérdida de todos los derechos sindicales y laborales, punto al que -casualidad o convicción mediante- vuelve Arroyo ahora a poner las cosas.

Para no dejar resquicio a interpretación alguna, lo que estamos afirmando es que hoy la relación municipio-sindicato es la misma que existía durante el Proceso de Reorganización Nacional. Ese que el jefe comunal afirma haber integrado tan solo con la consigna de arreglar semáforos…¿se acuerda?.

Sería interesante que esta cuestión nos ayudara a madurar como sociedad.No nos cabe duda alguna que el comentario de los lectores pasará por la posición que cada uno tenga frente al sindicato, a los trabajadores municipales, a sus salarios y a sus decisiones. Y sin embargo de nada de esto se trata…

Más allá del disgusto que muchas de esas cosas puedan despertarnos -la posición de LIBRE EXPRESIÓN ha sido muy crítica en ocasión de paros, privilegios y otras yerbas- de lo que aquí se trata es del valor de lo acordado (Arroyo no llega al municipio hoy y resuelve cambiar lo que se venía haciendo, sino que dos años después utiliza lo que él mismo aceptó como intendente y no cuestionó como concejal para una estúpida y autoritaria represalia contra los que él considera sus “enemigos”) y su peso como costumbre de convivencia.

Además Arroyo -un hombre sin ideas y sin principios sustentables- se define a sí mismo como peronista. Y no tiene mejor idea que pergeñar un castigo infantil y vengativo utilizando el salario de un trabajador, algo por lo que desde 1945 a la fecha mucho ha luchado el justicialismo.

Todo supone un disparate y pone una vez más en el tapete el alto costo que la ciudad paga por estar a expensas del desequilibrio emocional y conceptual de un hombre que sigue creyendo que todos debemos encolumnarnos tras sus épicos objetivos y soportar el castigo más humillante en el caso de no aceptarlo.

Mientras a su alrededor, aquellos que dicen pertenecer a “su riñón” y si cobraron este y cada mes sus voluptuosos salarios, siguen escandalizando con sus negociados, sus pedidos de dinero a cambio de favores y su impúdica visión del municipio como una caja propia.

Desentendidos de la Roma que Zorro “Nerón” Uno está incendiando y bailando sobre un polvorín de caprichos e incumplimientos que ya hace mucho dejaron de causar gracia o generar chispeantes bromas.

Antes bien, parece haber llegado la hora de que todos nos preocupemos.