Salud pública: de aquellos sueños a estas oportunidades

Por Adrián FreijoEn un momento en el que la realidad nos empuja a hablar todo el tiempo de salud parece raro que no se avance en la deuda histórica que el estado tiene con la organización del sector.

Argentina tuvo momentos en los que el estado buscó meter mano en la cuestión fundamental de la salud pública y, por la presión de intereses privados nacionales e internacionales, cada intento quedó rápidamente en el olvido.

Ramón Carrillo y el inicio de una idea

Desde la lúcida mirada de Ramón Carrillo (foto principal, izquierda) durante la primer década peronista, pasando por el histórico intento de Arturo Oñativia (foto principal, centro) cuando en tiempos del radical Arturo Illía logró dar a luz la Ley de Medicamentos que terminaba con el monopolio perverso de los laboratorios extranjeros y que hoy se sabe fue uno de los disparidades del derrocamiento del presidente y más acá en el tiempo el intento del Dr. Domigo Liotta (foto principal, derecha) por retomar el camino con la aprobación del Sistema Nacional Integrado de Salud que el médico y ex secretario de Salud de Juan Domingo Perón redactó y se convirtió en ley en 1974 y trató vanamente de reflotar en los inicios del gobierno de Carlos Menem, cada intento por dotar al estado nacional de una verdadera soberanía sanitaria tuvo destino de naufragio y terminó tan solo en eso…un intento.

Inclusive en este último caso los primeros meses de la administración de Alberto Fernández parecieron dar paso a la esperanza: Liotta, con sus lúcidos 96 años, fue convocado para explicar al mandatario los alcances de aquel proyecto al mismo tiempo en que desde el poder político de la república se anunciaba que por ese camino quería transitarse.

Vanos amagues que el tiempo, y la persistente reacción de los sectores privados encabezados por la figura emergente de Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical Group y uno de los accionistas canal de televisión América TV lo que le brinda acceso sin límite a la opinión pública y que contó además con la tibi complicidad de algunos sectores gremiales que han convertido a sus obras sociales en verdaderas organizaciones de medicina prepaga y que prefieren además seguir presionando por fondos de libre administración provenientes del estado, fueron dejando en el camino sin que parezca quedar otro camino que no sea el de esperar que sectores del propio oficialismo –tal vez en un acuerdo con una UCR que no puede haber olvidado aquel sacrificio patriótico de Illía y Oñativia– tome la bandera y empuje la realidad hacia una salida que puede colocar a la Argentina en el círculo virtuoso de la salud pública.

Domingo Liotta fue consultado en el inicio del gobierno de Alberto Fernández

Aquí en Mar del Plata el conocido médico Osvaldo Gatti, médico especialista en Clínica Quirúrgica, ex Director del Instituto Nacional de Epidemiología, y que formó parte del equipo que formó Liotta con quien recorrieron todo el País -incluso  trajeron becarios de Latinoamérica para adiestrarlos en el proyecto- y que dirigió el INE en cuyas aulas se concretó parte de aquella formación, viene manteniendo vivo el espíritu de aquella línea histórica Carrillo-Oñativia-Liotta y desde hace más de treinta años brega por la construcción de aquel sistema integrado de salud.

Convencido de que la salud ha sido convertida en una mercadería, Gatti sostiene que «el estado ha renunciado a su lugar de líder en medicina asistencial» poniendo como punto de partida de tal defección a la desaparición del médico de familia para ser suplantado por el internista general y «deshumanizando así la medicina».

Cree, y con razón, que el sector de las obras sociales «nacido del esfuerzo mancomunado de obreros, trabajadores y dirigentes» se encuentra hoy fragmentado de tal manera que su incidencia en el debate de la salud pública ha ido debilitándose hasta convertirlo en un actor secundario. Y sostiene que mientras la alianza entre estas y el estado no torne sólida y con sentido social seguirán existiendo unas que serán para los ricos y otras que se concentrarán en los pobres. La negación misma de la idea que las llevó a aparecer en el espectro sanitario del país que pretendía justicia social.

En consonancia con aquellos proyectos que el tiempo depositó en el olvido Gatti propone la creación de «un vademécum farmacéutico que los prestadores estatales y las obras sociales puedan adoptar» y que tenga como base una inversión conjunta de laboratorios y estado que permita el desarrollo de drogas básicas en la Argentina para romper por fin aquella dependencia que ha convertido tantas veces en prohibitivo el acceso de la población a los medicamentos.

Claudio Belocopitt: la cara pública del interés privado

Y concluye con la necesidad de crear una carrera sanitaria «única en el país y que contemple a todos los trabajadores de la salud». Solo así se completará el ciclo de una salud pública, integral y universal.

¿No es este el momento justo para plantear estos temas?, ¿podemos ignorar que el drama sanitario que vive el país presenta la oportunidad única de que la población esté por fin atenta a la importancia que el sistema de salud tiene en la calidad de vida y proyección de futuro de la sociedad?.

Lo que hasta el inicio de la pandemia las cuestiones atinentes a esta cuestión quedaban limitadas a las experiencias personales y a algunas denuncias aisladas que marcaban las deficiencias estructurales de la atención de la salud en el país, pero no persistían en el tiempo ni se convertían en tema de debate cotidiano.

Hoy, con miles de muertos y muchos más contagiados, dependiendo de decisiones externas para acceder a las vacunas que alcancen para frenar el drama de los argentinos y con una infraestructura que debió se emparchada de urgencia porque no estaba preparada para enfrentar un desafío como el presente, parece imprescindible retomar aquellos sueños, recatar esas ideas y resolver estas realidades.

Un sistema integral de salud que ponga a todos los argentinos en la misma línea de largada cuando de alcanzar la calidad de vida se trata.

Nada menos que eso…