Sampaoli, Belgrano y el fútbol: aún Campeón del Mundo, ya perdió

RedacciónLa corrupción en el fútbol no es un rayo en un día de sol. Los deplorables valores humanos del técnico argentino demuestran una vez más los oscuros personajes que lo integran.

Hasta la miserable reacción del técnico de la selección nacional ante un control de tránsito puede entenderse en algunos gramos de más en el alcohol en sangre que tenía en ese momento. Las reacciones extemporáneas de los borrachines en tal circunstancia es moneda corriente y los agentes de tránsito pueden dar fe de la inagotable paciencia que deben exponer para no responder a tales provocaciones.

Pero es cierto que los chicos, los borrachos y los locos siempre dicen la verdad; Sampaoli realmente cree que su salario de privilegio -pagado seguramente con la recaudación que el fútbol genera gracias a miles de “giles que ganan cien pesos por mes”- lo pone por arriba del común de los mortales.

Pero si alguna duda quedase de ello, las palabras que deja en Chile a las pocas horas son suficientes para entender ante que ser humano miserable nos encontramos.“La sociedad tiene mucha envidia” sostuvo, poniendo en otros términos el mismo concepto que groseramente le había espetado en la cara al servidor público un día antes.

Para Jorge Sampaoli los argentinos lo envidian; el es un triunfador y los demás integran la larga cola de fracasados que a su juicio conforman este país.

El hombre que supo perdonar a un jugador de la selección chilena por una gravísima falta disciplinaria “porque es un crack y lo necesito”, aceptando sin ponerse colorado que “si hubiese sido un jugador de menor jerarquía lo sancionaba”, sigue demostrando en cada una de sus apariciones parámetros morales que seguramente no dejarán huella ni recuerdo.

Es parte de un fútbol prostibulario, con dirigentes encarcelados, fortunas inexplicables, árbitros sospechados, jugadores sin respeto ni afecto por los clubes que lo formaron, partidos amañados, un vademécum de sustancias prohibidas con sus respectivos disimulantes, barras bravas, tribunas convertidas en bunkers de venta de drogas, coimas a funcionarios para lograr beneficios salvajes en las transmisiones televisivas o para otorgar sedes para torneos internacionales, comisiones bajo la mesa para la compra y venta de jugadores, evasiones fiscales, pedidos de dinero…y vaya a saber cuantas cosas más.

En ese resumidero se mueve como pez en el agua. Es parte de lo que allí flota y será imposible cualquier esfuerzo para que entienda que no se trata de una cuestión de envidia sino de la mínima exigencia que la gran mayoría de los “fracasados” tenemos con un tipo al que miles de millones de seres humanos ven por televisión luciendo un camperón que lleva en el pecho dos colores que para nosotros son motivo de respeto y veneración.

Porque son los de la bandera nacional, creada por alguien que tenía valores que iban más allá de lo que ganaba. Y que donó además para construir escuelas para la Patria.

Y que aunque no haya ganado en Vilcapugio y Ayohuma y se viera obligado a utilizar el mármol de la mesada de su cocina para construir una lápida que señalase su tumba, fue para todos nosotros más exitoso que Sampaoli con todos sus millones y prepotencia.

Aunque vuelva de Rusia con la Copa del Mundo...ya perdió.