Sampaoli y ese encanto argentino de mentir y mentirnos

RedacciónDeberemos aceptar que si el mundo nos define como chantas es porque lo somos. “Un culpable y un pretexto” es lo que necesitamos para convencernos que nuestro fracaso es un éxito.

El técnico de la selección mostró toda la gama de la capacidad que siempre tenemos para justificar nuestro fracaso.

“Solo dos minutos dejamos a Perú escapar de lo que proponíamos” dijo sin ponerse colorado. ¿A un equipo que viene a Buenos Aires a empatar y se lleva ese empate podemos seriamente decir que le planteamos las reglas de juego?.

“Argentina dominó todo el partido” afirmó luego. ¿Estar todo el tiempo en las inmediaciones del área rival y no poder superar su entramado defensivo, llegando solamente desde algún arresto individual o un tiro de larga distancia es dominar?.

“Los jugadores hicieron todo lo que les pedí” remató. ¿Empatar?, ¿escaparse del partido durante la fundamental media hora final entregándole la pelota a Messi para que se arregle como pueda?, ¿buscar siempre a Mascherano para atrás para que “se haga cargo” de la pelota?. ¿Eso les pidió?.

“Vamos a ganar en Montevideo” dijo apenas asumir. Empatamos penosamente.

“A Venezuela vamos a ganarle y será el impulso que necesitamos” dijo luego. Y empatamos vergonzosamente con un equipo ya sin chances, con 30 goles en contra, 5 a favor y solo 6 puntos.

“A Perú deberíamos ganarle sin inconvenientes” dijo un tanto más prudente. El resultado está a la vista…

Tan solo tres puntos sobre nueve posibles. Y solo se le ocurre decir ahora “dependemos de nosotros”.

Sampaoli se ha convertido, como muchos de sus antecesores, en un vocero timorato de un grupo sin compromiso ni personalidad que sabe que está a tiro de papelón y no se atreve a asumir la responsabilidad que le cabe en lo que puede pasar. Y vuelve a incurrir en el error de pensar en “el grupo” y olvidarse “del plantel”; ese que tiene que representar a un fútbol que está a centímetros de ver el Mundial por TV como los de Maldiva, Zimbawe o Bolivia.

Jugadores soberbios que nunca rinden, técnicos ensoñados que llegan para convertirse en mayordomos bien pagos de aquellos, dirigentes incapaces que no saben organizar ni siquiera una secuencia previsible, periodistas ganapanes que siguen imaginando que la gente no ve lo que realmente ve y “estrellas fugaces” sobre las que la televisión cuenta que son los mejores del mundo y que cuando los vemos no logramos siquiera imaginar el porqué de semejante afirmación. Todo es una mentira que se desploma ante la única verdad: Brasil, Uruguay, Colombia, Chile y Perú están hoy por encima nuestro futbolísticamente y tienen más chances de estar en Rusia 2018 que “la Selección de las Estrellas”.

Pero…¿en serio creía que un país de políticos chantas, economistas chantas, periodistas chantas, educadores chantas, jueces chantas y legisladores chantas podíamos tener un fútbol serio?. Si es así usted es, al menos, una persona distraída.

El fútbol, querido lector, es y será parte de la “argentinidad al palo”. Algo de lo que posiblemente nunca se enteren en Rusia si seguimos creyendo, a una fecha del final, que la calculadora sirve para algo.