(Escribe Adrián Freijo) – Ya dijimos que el «purismo» de Macri no es real, toda vez que son muchas las provincias en las que hizo las más diversas alianzas. Santa Fe pone en evidencia su error.
Si en Santa Fe el PRO hubiese llegado a un acuerdo con el Frente Renovador hoy estaríamos hablando de otra cosa. Es claro que los votos de los peronistas que no están de acuerdo con la conducción nacional terminaron migrando para el candidato Omar Perotti, un justicialista que también plantea un cambio desde el mismo espacio del FPV.
Si la actitud del líder del PRO fuese unívoca en todo el país, deberíamos reconocer que el hombre puede ganar o perder pero no baja sus banderas. Pero esto no es así; en muchos lugares avanzó en alianzas y en otros tantos casos hasta bajó a sus candidatos para favorecer el triunfo de terceros.
No hay purismo, hay especulación y seguramente una equivocada evaluación de los principales distritos.
Ahora, al Pro le esperan en tres semanas otros dos tragos muy amargos: va a perder por más de diez puntos en la provincia de Córdoba frente al delasotista Juan Schiaretti y, ese mismo día, Martín Lousteau puede mandar a Horacio Rodríguez Larreta a un balotaje con final absolutamente incierto.
Un desgaste que tendrá la particularidad de generar un retroceso tal vez definitivo de las ya de por sí estancadas posibilidades de Mauricio Macri para hacerse de un triunfo en las generales de octubre.
El escenario general sigue marcando un 60% de la población argentina que está pidiendo un cambio en la conducción del país. Y si bien el recuerdo de la Alianza indica la inconveniencia de tan sólo sumar intenciones de voto, los acuerdos que proponía el Frente Renovador no sólo arrimaba votos peronistas en una proporción muy superior a los que podía por entonces aportar Chacho Alvarez, sino que avanzaba en cuestiones programáticas que permitían suponer una vocación de gobierno conjunto.
Pero Macri no lo quiso ver, siguió el consejo siempre aislacionista de Jaime Durán Barba y ahora los motivos para preocuparse adquieren el tamaño de una montaña.
Y la que se suponía como una gran carta de oposición contra el autoritarismo kirchnerista habrá rodado por la escalera dejando huérfanos a buena parte de quienes buscan cambiar este sistema casi feudal que maneja los destinos de la Argentina.
Casi como para sospechar que el propio Macri no quiere que las cosas cambien.


