SANTO QUINQUENIO

Francisco cumple cinco años de pontificado en medio de fuertes críticas por la tibieza frente al escándalo de la pedofilia en la Iglesia. El riesgo de licuar un liderazgo mundial que impactaba.

Es difícil para los argentinos prescindir de una mirada localista cuando de Francisco se trata. Y es doblemente difícil hacerlo cuando el propio pontífice se expone a la crítica con actitudes casi partidistas que lo colocan en el vértice de la oposición al gobierno de Mauricio Macri y lo ponen en el riesgo de ser utilizado por un sector del peronismo y de la izquierda como un aliado de corto vuelo.

Porque la realidad es que poca y ninguna influencia ha tenido la voz del Papa al momento de elegir los argentinos a quien apoyar con su voto.

Pero ese doble mensaje, oscilante entre su proclamada prescindencia y la realidad, parece ser una constante en el accionar del jefe de la Iglesia Católica, Llegó al papado anunciando cambios profundos en el arcaísmo de prohibir la comunión a los divorciados o segregar a los homosexuales. Y poco y nada se ha hecho en lo concreto sobre el asunto…

Prometió una profunda revisión de las finanzas vaticanas y hoy son muchos los que dicen que “los cardenales color dólar”, como se llama a quienes las manejan, tienen hoy mucho más poder y libertad para sus conocidas trapisondas. Francisco habilitó un concejo auditor que nunca entró en funciones…

Lo mismo podría decirse del papel de la mujer en la iglesia, del rol del laico, del celibato…y de tantas cosas. Anuncios que conmocionan y realidades que decepcionan.

Pero todas estas cosas afectan tan solo a los católicos. La pedofilia, en tanto, se levanta como una vergüenza universal que supera lo religioso, trasciende la institución y se convierte en un horror comparable a los mayores que haya soportado la humanidad en su historia.

Y el mundo entero observa como Roma, más allá de discursos grandilocuentes y palabras de ocasión, sigue aplicando a los acusados una vara demasiado larga que suele ponerlos lejos del alcance de la justicia. Y que la Iglesia prefiere pagar millonarias indemnizaciones -generalmente producto de acuerdos reservados- que dejar salir a la luz un estado de cosas que hoy parece más institucionalizado que casual.

Ojos de sospecha miran hoy a Francisco; y todas las valoraciones de su imagen muestran que la misma ha caído en la medida en la que el paso del tiempo se convierte en garantía de impunidad a los pedófilos.

Hace cinco años el mundo estallaba en sorpresa ante el Papa argentino; poco después la “franciscomanía” llegaba a los lugares más recónditos de la Tierra, ante un pontífice que anunciaba una Iglesia abierta, moderna, justa y purificada.

Hoy la duda y la indiferencia vuelven a posarse sobre las torres de San Pedro y todo parece retornar al camino de lejanía y aislamiento que durante décadas colocó al Vaticano en un tobogán que parecía imparable.

Y que aún hoy parece dirigirse en dirección del infierno.