Por Adrián Freijo – En medio de una pandemia que mata miles de personas cada día, Cristina Fernández está enfocada en moldear una justicia títere que la exima de sus responsabilidades penales.
En el marco de un encuentro que compartió junto al ex mandatario brasileño, Lula da Silva, en el que firmaron un convenio de cooperación entre el Instituto Patria y el Instituto Lula, la vicepresidenta de la Nación, Cristina Kirchner, volvió a hablar de persecuciones políticas y apuntó nuevamente contra “los sectores del Poder Judicial que destruyen a los dirigentes nacionales con el armado de causas”.
Mientras esto ocurría sus legisladores. lejos de tratar la autorización para que empresas privadas y particulares puedan aportar la compra de vacunas para millones de argentinos que aún esperan vanamente que el gobierno cumpla con un plan de inoculación que a tres meses de iniciado solo ha cubierto el 12% de lo que desde el estado se había anunciado, estaba abocado en el Congreso a meter a los empellones la reforma del Ministerio Público Fiscal y así lograr poner al frente de las investigaciones judiciales -incluidas las vinculadas a hechos de corrupción- a funcionarios amigos que garanticen la impunidad de la vicepresidente, hoy seriamente comprometida en media docena de causas en las que aparece muy comprometido su accionar.
Pongamos algo definitivamente en claro: si Cristina fuese inocente no hay posibilidad alguna de que se enfrente a una condena de cumplimiento efectivo. Esta Corte fue armada entre ella y su marido (solo un juez no es emergente de esa época) y Casación tiene hoy una composición que le asegura un freno a todas y cada una de las causas.
¿Porqué entonces semejante esfuerzo?. Muy sencillo…aún en los expedientes que fueron ventilados en juzgados «amigos» o «permeables a las presiones del poder», el peso de la prueba es de tal magnitud que difícilmente un juez se atrevería a ignorar las responsabilidades que le caben a la viuda de Kirchner en hechos que han generado un enriquecimiento personal tan obsceno como inexplicable en quienes viven del empleo público desde mediados de la década del 80.
Pero no es sorprendente que Cristina esté abocada a salvarse ella y hacer lo propio con sus hijos, a los que irresponsablemente ha utilizado como prestanombres de una fortuna familiar imposible de justificar.
Lo que no es entendible es que las instituciones de la república están abocadas a atender y resolver esta inmunda circunstancia mientras el mundo, y la Argentina, se debaten en un drama sanitario que requiere que todos los esfuerzos del estado se concentren en aquello que la sociedad necesita: vacunas, apoyo, trabajo, estructura sanitaria y reglas de juego claras e iguales para todos.
Pero para quien además ejerce por estas horas la primera magistratura del país -Alberto hizo mutis por el foro en una excesivamente larga gira que aún nadie logra explicar que beneficio aporta- situación que vuelve a utilizar en beneficio de su situación personal desoyendo las necesidades comunes de la ciudadanía.
Triste destino de una sociedad gobernada por personajes que se creen VIP a la hora de saltar lugares en la fila de las vacunas pero también cuando de poner a todas las instituciones republicanas al servicio de sus cuestiones personales y en desmedro de las urgencias de la gente.
¿Monarquía?…no…los reyes, aún anticuados, no suelen ser groseros y mediocres.


