¿Tendremos otra campaña con denuncias y sin proyectos?

(Escribe Adrián Freijo)Las necesidades de la ciudad no podrán ser resueltas hasta que nuestros dirigentes acuerden un pacto de gobernabilidad que permita resolver las diferencias.

Nada es nuevo bajo el sol de la política argentino. Y algo que puede ser bueno en sociedades que han alcanzado un grado de desarrollo sustentable, se vuelve un serio problema en las que tienen por delante un largo camino antes de poder afirmar que se encuentran en punto al menos aceptable del camino.

Mar del Plata tiene problemas de estructura en su puerto, en su equipamiento urbano, en su red de servicios, en su infraestructura de salud, en sus accesos, en su ordenamiento vial, en el transporte público y muy marcadamente en la organización de sus servicioes estatales.

En cada uno de estos rubros requiere definiciones, decisiones y acciones pensadas con por lo menos tres décadas de anticipación. Lo que normalmente se llaman políticas de estado que estén planteadas como un objetivo común y que sirvan para superar discusiones y antinomias que bien pueden quedar, como expresión de la libertad de ideas, para resolver muchas otras cuestiones que si bien son importantes no hacen al desafío de construir la ciudad que queremos.

Y esto está hoy muy lejos de ocurrir.

Lo que se observa es una clase política especulativa que exagera los logros cuando está en el poder y obstruye y destruye cuando es oposición.

Miles de marplatenses pueden estar de acuerdo con la gestión municipal y otros tantos pretender cambios. Pero es inadmisible que en la ciudad de aquellos desafíos no podamos conocer con claridad cuales son las alternativas que nos plantean quienes quieren hacerse con el poder.

Las campañas electorales deberían servir para eso, ya que el tiempo de gobierno pone a cada cual en su papel: el ganador debe gobernar y la oposición debe controlar.

Por eso las campañas son tan importantes; porque nos permiten saber que piensa hacer el que no está de acuerdo con quien gobierna, y así poder elegir por un cambio de rumbo.

Las denuncias, las chicanas, las palabras lanzadas al viento desde el lugar de quien no tiene la obligación de administrar, puede servir para jugosos debates pero poco y nada aportan a la necesidad de cimentar una ciudad con futuro.

Una ciudad, bueno es recordarlo, que tiene además los índices sociales más preocupantes de la Argentina, lo que también supone un desafío de inteligencia para resolver una inclusión creciente que será necesaria en el caso de que la costumbre migratoria hacia Mar del Plata no ceda, como no lo ha hecho en los últimos 80 años.

Decidamos entonces la ciudad que queremos y concentremos el esfuerzo dirigente en contarnos como piensan hacerla.

Nada más y nada menos.