Sin buscarlo, Arroyo se convierte en un testigo de este tiempo

Por Adrián FreijoLas desafortunadas palabras de Arroyo, al afirmar que pensaba “enviar una chica bonita” a conseguir inversiones, deben se analizadas más allá de lo especulativo.

Torpe, ridículo, vergonzoso, repudiable, machista…ponga usted el calificativo que quiera a las lamentables afirmaciones de Carlos Arroyo y seguramente no se equivocará. Lo que por cierto no puede afirmarse es que sean sorpresivas.

Ya en la campaña electoral que lo llevó al despacho principal de la comuna, Arroyo había dicho que no podía existir la equidad laboral ya que “las mujeres pierden al menos dos horas por día arreglándose el pelo”. Una afirmación que deja en claro el pensamiento anticuado, propio de una época y una educación que hacía abuso de la misoginia y de la que nuestro protagonista es un prototipo de exactitud.

Pero que también, en medio de tantos enojos y desagravios, tiene que servir para recordar que esta sociedad que se enfurece por lo que dice ahora, es la misma que lo votó a pesar de lo que dijo entonces.

No es grave lo que dice Arroyo…es triste lo que piensa.

Pero si no fuese porque es el jefe político de la ciudad y por tanto sus palabras nos representan institucionalmente, sus dichos servirían para que todos comprendamos el inmenso salto hacia adelante que como sociedad hemos dado desde el mismo momento en que aceptamos visibilizar un problema -el del agravio de género- con el que convivíamos desde hace siglos sin pensarlo como tal.

Comprender que seguramente esta frase no hubiese levantado revuelo alguno hace apenas dos décadas -ya en plena vigencia de la democracia- nos ayudará a entender cuanto hemos avanzado.

Carlos Arroyo, como cualquier gobernante de la tierra, será solo un accidente de la historia. Pasará…dejando algo o nada.

La sociedad avanza y seguramente la torpeza raída por el tiempo del intendente sirve para que nos demos cuenta del camino recorrido.