SITOS: una elección que enmarca un debate mucho más profundo

RedacciónLas elecciones que se llevarán a cabo en el gremio que nuclea a los trabajadores de OSSE se dan en un marco crítico de la empresa, lo que agranda el valor de la representación obrera.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lucha desde 1919 para lograr el reconocimiento del trabajo como una dignidad humana que debe colocar a quien lo ejerce en igualdad de condiciones con todos aquellos que representan al capital. Y en ese sentido, ya culminando el siglo XX, el organismo puso el ojo en la necesidad de multiplicar la participación de los trabajadores en el destino de la empresas, más allá de las reivindicaciones salariales y laborales que pudiesen conseguir como tales.

Para el organismo el rango de Director Obrero, aparecido luego de la Segunda Guerra Mundial para asegurar el control de los derechos y las leyes laborales en un tiempo de emergencia que suponía la cesión de muchas conquistas, debería multiplicarse y ser incorporado plenamente en todas las empresas privadas o estatales.

Por una decisión de la administración de Gustavo Pulti la sociedad de estado OSSE tiene en su directorio un representante del gremio, que es su propio Secretario General Daniel Díaz. 

Lo que es insólito es que por estas horas quienes pretenden arrebatarle la conducción del SITOS acusan al dirigente de incompatibilidad en sus dos caracteres y de “atender de ambos lados del mostrador”.

Ambas afirmaciones carecen de fundamento y es ciertamente grave que quienes pretenden representar a sus compañeros trabajadores incurran en un juicio de valor tan equivocado, sino malintencionado.

Con respecto a la supuesta ubicación del director obrero en ambos lados del mostrador, la afirmación niega el espíritu y la norma que dispuso desde ya hace tanto tiempo la OIT.

Justamente Díaz está en el directorio para representar a los trabajadores y de esa forma colocarlos a ellos en el lugar de las decisiones. ¿Cómo podrían los obreros, en esta o en cualquier empresa, ser parte de la conducción si no se les otorga el derecho de ocupar puestos dentro de ella?. ¿Qué mayor garantía que estar “en ambos lados del mostrador” para tener voz y voto a la hora de representar el interés del sector del trabajo?.

Tan solo por ello cae por su propio peso el otro argumento de los que pretenden desplazar a la actual conducción: la designación resuelta en tiempos de la anterior administración es claramente destinada a la representación de los trabajadores agremiados en el SITOS y no puede por tanto sorprender -y mucho menos ser descalificada- que la misma sea ejercida por su máxima autoridad.

Y será resorte exclusivo de la Comisión Directiva del sindicato –de éste o de cualquiera en circunstancias similares– disponer quien de sus integrantes ocupará la representación obrera en una determinada empresa. No solo lo dice la letra de la norma que crea en el mundo entero la figura de Director Obrero sino, y más importante, el espíritu que movió a la OIT a luchar por crear este tipo de presencia de los trabajadores en la conducción de las empresas.

El resto es una cuestión de evaluación de los afiliados. ¿Ha sido esta conducción buena para defender sus intereses?, ¿ha actuado en todo caso como su representación?.

De una lectura rápida de los hechos pareciera surgir que la acción gremial en estos años ha sido exitosa. Las discusiones paritarias mantuvieron el valor del salario del trabajador de SITOS muy por arriba del promedio de otras ramas del trabajo, y la acción en el campo social superó la chatura que caracterizó a conducciones anteriores. Una impactante mejora en la cobertura de salud y un plan de viviendas en marcha son la cara visible de un trabajo que va marcando el paso de un cambio más profundo.

Pero tal vez lo más importante a advertir en este análisis sea el riesgo de resentir un logro de tanta importancia como el de tener un representante en el directorio de la empresa empleadora. El argumento de la incompatibilidad -sin sustento alguno en la letra y en el espíritu de la norma- puede servir como chicana electoral pero también puede privar a los trabajadores de una conquista ejemplar de la que no pueden gozar millones de trabajadores en todo el mundo.

Es peligroso que los argumentos electorales, sostenidos por la situación de fragilidad por la que hoy atraviesa la conducción de OSSE por culpas políticas en la que nada tienen que ver los trabajadores y su representación, pongan en controversia un logro de semejante magnitud y puedan ser tomados en el futuro para retrotraer la situación a tiempos en los que las decisiones se tomaban sin tener en cuenta los intereses del sector laboral.

Cuidado entonces…no todo es ganar una elección a cualquier costo.